Desinformación: Un arma de destrucción masiva



Texto: Godo de Medeiros/Imagen: Radio Duna, Plaza Roja, Moscú

La desinformación tiene como objetivo final lograr que la gente no crea en nada y acabe por permitirlo todo, incluso los insultos más degradantes o las agresiones más horrendas. Otras fueron las épocas de Aquiles o de Aníbal en las que al enemigo se lo sometía a los engaños con sutileza o audacia. También otra fue la época del multicitado Goebbels o de Bernays y Dulles.


Hoy día, el Caballo de Troya homérico es ese aparatito que nos roba el tiempo de trabajo en la oficina pública o privada y nos ha hecho dependientes también de las multinacionales farmacéuticas que gentilmente nos fabrican el sildenafil, los ansiolíticos, la metformina y otras substancias adecuadas para sobrellevar el vértigo de la vida moderna.


Producto de la adicción a los teléfonos inteligentes, pero específicamente a la dependencia, convertida ya en una patología, a las redes digitales, el mundo está dejando de ser una cárcel para convertirse en un manicomio en donde Elon Musk y Mark Zuckerberg resultan siendo a la vez nuestros demonios interiores y nuestros psiquiatras o psicólogos.


En Brasil fue suspendido este día el enlace a la red digital X (antes Twitter), propiedad de Musk, debido a un asunto de jurisdicción legal que el multimillonario sudafricano ha denunciado a su conveniencia como un "ataque a la libertad de expresión", mientras que la mayoría de jóvenes del país suramericano celebran que se ponga freno a la desinformación y a los mensajes de odio que se transmiten a través de esa plataforma.


No nos consta, pero sospechamos que Musk compró Twitter (hoy X) después de que sus fundadores cerraran la cuenta del magnate y expresidente estadounidense Donald Trump y tras notar una supuesta mayoría de usuarios de tendencia izquierdista pro agenda 2030, por quienes, al parecer, siente animadversión y que no obstante ha evitado censurar o acallar por completo por una razón más bien de sentido común en tanto le permite disimular un equilibro ideológico y, por supuesto, seguir ganando muchísimo dinero.


En días pasados fue arrestado por la policía francesa el fundador y propietario de la red de mensajería digital Telegram, el empresario ruso Pavel Durov, con quien Musk se ha solidarizado, bajo cargos de permisibilidad de la plataforma para llevar a cabo actos ilícitos o ilegales, pero que al parecer las motivaciones tienen que ver con la transmisión de información sobre el genocidio contra el pueblo palestino que Israel viene ejecutando en la Franja de Gaza y Cisjordania con brutal intensidad desde octubre pasado.


También en días recientes hemos conocido una declaración de Zuckerberg en la que admite haber aceptado que Facebook, una de las plataformas de su empresa matriz Meta, manipuló información relacionada a la Covid-19 por presiones del gobierno de Estados Unidos, país que ha censurado a los dueños de la aplicación Tik Tok por supuestamente espiar a los ciudadanos de aquel país cuando todos sabemos que se trata de una guerra comercial e ideológica contra el país más avanzado del mundo en la actualidad: China.


Las llamadas redes sociales son resultado de los desechos o desperdicios de la tecnología militar y hoy cumplen la función de armas de destrucción masiva debido a los efectos nocivos en los consumidores que poco a poco han perdido la capacidad cognitiva y cada vez más se comportan como cerdos de granja a los que se mantiene con suficiente estrés para que liberen hormonas que impactan en su crecimiento y favorecer así la recuperación inmediata del capital invertido en la crianza y engorde.


En su batalla ideológica contra China y Rusia, Estados Unidos, Israel y la Unión Europea han apostado por las empresas de Musk y Zuckerberg para demonizar a aquellas dos naciones que lideran el esfuerzo por construir un sistema contrario al capitalismo voraz y salvaje que controlan las industrias farmacéutica, armamentista, agroquímica, energética y gigantes tecnológicas.


A estas últimas pertenecen Facebook y X, entre otras, cuyos sistemas operativos controlados por algoritmos están programados para ocultar o cuando menos minimizar el alcance de ciertos contenidos mientras que otros tienen vía libre y hasta son multiplicados por un sistema conocido como granjas de bots para los que se requiere disponer suficiente dinero y varios ejércitos de mercenarios cibernéticos (Mercibers) ocupados en disparar veneno día y noche contra los adversarios que resultan ser los izquierdistas y por supuesto los chinos y los rusos.

1 Comentarios

  1. Excelente artículo, muy bien documentado y con conclusiones certeras. Lo que no logro digerir eso de las dos últimas líneas. Para mí ahora los llamados izquierdistas son tan canallas como los más recalcitrantes derechistas porque ya comieron dinero. Ahora mejor llamemos humanos libre pensadores a quienes como vos piensan y no se dejan digerir por la trompa de la tecnología de la estupidez.

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