Kamala Harris [47]

 

Por Godo de Medeiros

Un siguiente debate no tiene sentido. El de anoche fue suficiente para demostrar que, salvo algún movimiento estratégico de última hora, el expresidente Donald Trump está políticamente en la antesala de la funeraria.


Los propios simpatizantes del acaudalado candidato republicano, en su mayoría jóvenes, se mostraron decepcionados con su vetusto discurso agresivo hacia los migrantes y su habitual manipulación de datos y hechos.


A estas alturas, y cuando faltan 55 días para las elecciones, nadie cree en disparates tales como que los migrantes caribeños se comen las mascotas de los estadounidenses y menos todavía que sean 21 millones de latinoamericanos los que ingresan ilegalmente cada mes a territorio estadounidense (de ser así, hace ratos que Centroamérica estaría deshabitada como gran parte de las selvas del Amazonas).


En su propia cara, la candidata demócrata Kamala Harris le dijo más de una vez que era "una desgracia". 


Y vaya si no lo es.


Trump evadió respuestas, en espacial una sobre el cuestionamiento del papel de Estados Unidos en la agresión de Israel contra la población civil de la Franja de Gaza. Al menos de palabra, falta ver si lo cumplirá, Harris se mostró favorable a un cese el genocidio reconociendo a Palestina como Estado.


Gracias a Trump, el sionismo y sus variantes nazi y fascista en todo el planeta han alcanzado un protagonismo que amenaza la paz mundial, al provocar actos de crueldad contra inmigrantes africanos en varios países de Europa e intentos de golpes de Estado en curso en países latinoamericanos como Bolivia, Colombia, Guatemala y Venezuela.


Trump mintió descaradamente en el debate al decir que es amigo de Vladimir Putin y de Volodymyr Zelensky, cuando en realidad solo lo es del mercenario que se arrogó el derecho de negociar a Ucrania en nombre de los ucranianos, entregándole sus recursos y soberanía a Estados Unidos y la OTAN.


No cabe duda de que Kamala Harris tampoco infunde esperanzas para que el heroico pueblo de Palestina pueda hacer valer su derecho a seguir existiendo (y en paz) en sus legítimos territorios robados a fuerza de odio y plomo por el sionismo que gobierna Israel, así como tampoco que Rusia pueda continuar viviendo sin el hostigamiento constante de Estados Unidos y la OTAN, pero con Donald Trump en la presidencia de la mayor potencia mundial probablemente las cosas en tal sentido hubieran ido de igual a peor.


Una cosa no hay que perder de vista tras la aplastante derrota infligida por Harris a Trump en el debate de anoche (y que se reflejará en el resultado de la elección del próximo 5 de noviembre). Y es que ambos solamente representan la voluntad y el interés de las grandes compañías transnacionales y multinacionales que concentran el poder económico y político en la actualidad, siendo estas las industrias química, farmacéutica, armamentista y las gigantes tecnológicas que controlan la comunicación (clave en el manejo de las operaciones psicológicas a través de la desinformación).

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