Texto: Godo de Medeiros | Imagen WildPress: RRSS
Marco Rubio fracasará en su intento por convertirse en el primer presidente de Estados Unidos de habla hispana. Donald Trump y el círculo de billonarios que lo rodea lo miran por encima de los hombros, pero saben que por ahora les está siendo útil para apropiarse de lo ajeno.
Y es que Rubio no es de fiar.
Tras los actos terroristas en Venezuela saldados con el asesinato de 32 combatientes cubanos y al menos 70 venezolanos antes de consumar el secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores el pasado 3 de enero, el mito de un "pueblo oprimido y cansado de la feroz dictadura chavista" se derrumbó y dejó en ridículo a Rubio y a sus acólitos.
María Corina Machado debió viajar a depositar a la Casa Blanca la medalla que le gestionaron en Noruega. Fue una manera de humillarla por haber mentido acerca de que "el pueblo venezolano se volcará a las calles para celebrar la caída de Maduro".
La mayoría de venezolanos es chavista y con Maduro o sin Maduro no iba a dejar fácilmente que Rubio y Machado arrancaran la rosa sin sentir la espina.
Ni siquiera la masiva e incesante campaña de desinformación desde las grandes corporaciones mediáticas y en las plataformas digitales ha tenido éxito en su intento por imponer la narrativa de "traiciones" y "disidencias" dentro del gobierno y del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Y pese a ser obvias las concesiones hechas por la presidenta en funciones, Delcy Rodríguez, para lidiar con las extorsiones y chantajes de la administración de Donald Trump, no hay visos de que Simón Bolívar y Hugo Chávez vayan a ser arrancados del corazón del pueblo venezolano.
Estados Unidos no ayuda a los países; antes bien, los destruye.
Y ante el disparo desviado que resultó ser el ataque a Venezuela, Marco Rubio ha tenido que apuntar su odio nuevamente contra Cuba. Y teniendo en cuenta su mentalidad criminal y perversa, es probable que le haya dicho al oído a Donald Trump que si sabotean el suministro de petróleo a la isla la dejarán sin energía eléctrica y, por consiguiente, paralizarán la producción y conservación de alimentos, la refrigeración de material biológico en hospitales, clínicas y centros de investigación científica; inactivarán equipos médico-hospitalarios, incluidas las máquinas de hemodiálisis, rayos X, incubadoras para recién nacidos, entre otros.
Obviamente, todo aquello pasaría por desconectar totalmente las comunicaciones radioeléctricas (televisión, radio, telefonía, internet) y el transporte de pasajeros y mercancías. En una palabra: ¡Un acto de terrorismo puro!
El plan genocida busca generar hambruna e insalubridad a una escala inimaginable, lo que provocaría, según los cálculos de los padres de esta criminal idea, una insurrección total del pueblo contra el gobierno revolucionario que acabaría derrocándolo.
¡Tremendo error de cálculo!
La Revolución cubana liberó a su pueblo de la esclavitud y la ignorancia. Y al enseñarle a pensar fue como distribuir linternas en medio de la oscuridad para que nadie se perdiera en el camino de la lucha por su libertad, soberanía e independencia que hoy día mantienen en alto su moral. Revolución y pueblo, pueblo y gobierno son una misma unidad. La economía socialista posibilitó en Cuba un desarrollo de los derechos humanos sin precedentes, a pesar del bloqueo impuesto por Estados Unidos desde 1962.
Es el bloqueo genocida y no la Revolución el culpable de las carencias que han afectado a aquel pueblo heroico desde hace más de seis décadas.
Y no obstante la generosidad de gobiernos y pueblos de varios países, el sabotaje permanente de parte de Estados Unidos y los estragos inevitables de los ciclos de la naturaleza no han permitido a los cubanos ni un minuto de respiro para resolver tantas cosas a la vez. De ahí que la clase política de Estados Unidos persista en su intransigencia ideológica de la Guerra Fría a sabiendas de que si levanta el bloqueo, Cuba se convertiría en una potencia económica, científica y cultural cuyo ejemplo en América Latina y el Caribe socavaría los esfuerzos estadounidenses por mantener cautivas a las naciones del continente bajo modelos políticos y económicos fallidos llamados "democracias", en donde los políticos sumisos pueden ganar elecciones y ejercer el gobierno, pero jamás el poder.
Si una Cuba sin bloqueo, restricciones e imposiciones de ningún tipo se desarrolla, los propios beneficiados serían los habitantes de Estados Unidos, porque tendrían a un vecino cercano que no tiene en su ADN la maldad y la animosidad de sus propias autoridades. Lo que Cuba tiene en su ADN, y tal vez sea este el mayor temor de la clase política dominante de Estados Unidos, es un humanismo y una dignidad a toda prueba heredada de sus numerosos héroes como José Martí.
Cuando Donald Trump habló ante periodistas sobre las imágenes que vio en directo del ataque a la residencia de Nicolás Maduro, tuvo un gesto de elogió para los 32 combatientes cubanos que resistieron hasta la muerte aquel ataque desproporcionado. Y es que en el fondo, algo en la conciencia le habrá dicho al presidente de la primera potencia nuclear del mundo que no puede haber gloria ni regocijo cuando se gana un combate en condiciones de absoluta ventaja, porque el honor y la gloria, en situaciones así, enaltecerá siempre a los caídos.
Marco Rubio es un personaje abyecto. Un mentiroso y manipulador que bien haría en moderar sus pasiones, porque el pueblo de Cuba y ningún otro pueblo del mundo merecen su maldad.
Desde el periodo presidencial de J.F. Kennedy existe un compromiso de Estados Unidos de no agresión ni intromisión en los asuntos que le competen al pueblo de Cuba. En consecuencia, la potencia norteamericana debería de respetar sus propios acuerdos y descartar todo intento de invasión o agresión, incluido el bloqueo, que constituye, de hecho, un intento de exterminio de la población cubana.
Y en virtud del carácter irracional de los funcionarios anticubanos de la administración de Donald Trump, se precisa de la intervención inmediata y diligente de la diplomacia de naciones como China, Brasil, México, Rusia y Vietnam.
De igual manera, instancias como la Organización Mundial del Comercio (OMC) y los países productores y exportadores de petróleo están llamados a desempeñar un papel activo de unidad con el pueblo de Cuba en una cruzada por la defensa de su soberanía y contra el bloqueo económico, comercial y financiero a la que debemos convocarnos comunicadores sociales, periodistas independientes, artistas y activistas de causas justas en el mundo entero.

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