Los 12 jefes de Estado latinoamericanos que Donald Trump citó a su club de golf en Mar-a-Lago, Florida, a principios de mes, no se dieron cuenta de las graves consecuencias para los pueblos de la región que se derivarán de aquella iniciativa denominada Escudo de las Américas, que inaugura el proceso de recolonización y cierra las puertas del desarrollo y el progreso al prohibirles relaciones de cooperación con China y Rusia, las potencias mundiales emergentes.
La entrega de la soberanía y la autodeterminación de los pueblos por aquella docena de gobernantes vasallos comprometió a la vez la estabilidad inmediata de América Latina, por ocurrir en momentos en que Venezuela ha sido ocupada por el gabinete de Donald Trump mientras Cuba sigue siendo estrangulada con un cerco energético que se suma al sexagenario bloqueo económico, comercial y financiero, que ha representado pérdidas a la isla por más de US$2 billones 576 mil 257 millones, según datos de su cancillería.
No fue extraño para nada que a la cita con Trump acudieran el argentino Javier Milei, el ecuatoriano Daniel Noboa y el salvadoreño Nayib Bukele, tres piezas claves para los intereses de la élite que dirige la política injerencista de Estados Unidos que integran al menos 13 milmillonarios de las industrias armamentista, petrolera y tecnológica.
Resultaba lógico que a la reunión social y de negocios organizada por Marco Rubio acudieran solo mandatarios de derecha, algunos de los cuales fueron impuestos por Estados Unidos de manera fraudulenta, como el propio Noboa, Bukele y el hondureño Nasri Asfura, empresario proisraelí declarado ganador de las elecciones sin haber concluido el conteo de los votos.
En nuestra opinión, el Escudo de las Américas no fue otra cosa que la imposición de tres de los objetivos de Donald Trump para América Latina: 1) estrangular al pueblo de Cuba cortando sus relaciones con sus vecinos latinoamericanos y caribeños, 2) vender los inventarios de armas obsoletas de la industria estadounidense y 3) garantizar la entrega sin resistencia alguna de los recursos naturales.
Casos como el de Guatemala, que no figuró en la lista de invitados, nos dan la razón, pues se le ha obligado a gastar US$200 millones en armas para, supuestamente, enfrentan las amenazas del narcotráfico. Paralelamente, fue sometido a romper un acuerdo con Cuba y expulsar a las brigadas de médicos que durante varios años atendió a millones de personas de escasos recursos en las áreas donde la atención en salud nunca había llegado.
Pero, ¿por qué gastar tantos recursos en armas si se podrían usar para construir carreteras, puentes, escuelas u hospitales? La respuesta es obvia: ¡Para la guerra!
Bajo la excusa del combate al narcotráfico, los Estados Unidos de Trump, Rubio y Pete Hegseth, el ministro de la guerra, terminarán obligando a los países latinoamericano a entrar de nuevo en guerras como las de las décadas de los sesenta, setenta y ochenta del siglo pasado.
Al ser exacerbado adrede el anticomunismo, grupos fascistas y neonazistas están afianzándose en América Latina con un nivel de agresividad fomentado y estimulado por las redes sociales, lo que nos permite pensar que la lógica del Escudo de las Américas es procurar el desarrollo y el éxito de la Inteligencia Artificial que están aplicando las grandes tecnológicas y la industria de la guerra, para lo cual necesitan mucha energía, agua y enormes proporciones de tierra para construir los centros de datos.
Y las tierras de América Latina son vastas en recursos, sobre todo en áreas habitadas o controladas por los pueblos originarios, los que podrían ser sometidos al exterminio bajo cualquier excusa, como en Palestina, Libia, Líbano, Irak e Irán.

Publicar un comentario