El periodismo en los tiempos del genocidio


 Texto: Godo de Medeiros | Imagen WildPress: RRSS

Todavía no se tiene un dato preciso sobre el número de periodistas mandados a matar por Benjamín Netanyahu en la Franja de Gaza con la aquiescencia de Estados Unidos, el Reino Unido y la Unión Europea, pero varias fuentes indican que la cifra supera los 220 en dos años de exterminio de la población palestina.


La víctima más reciente del odio del sionismo supremacista israelí fue el periodista palestino Saleh Al-Jafarawi, a quien mataron estando en vigencia un cese el fuego decretado por Donald Trump y Benjamín Netanyahu como parte de un "acuerdo de paz" suscrito entre ambos supuestamente para pausar el genocidio en Palestina frente a la mirada de otros "líderes" que poco o nada han hecho por parar el exterminio en la Franja de Gaza y Cisjordania.


Sin el coraje de aquellos 220 hombres y mujeres de prensa, probablemente "nadie" se hubiera enterado de la limpieza étnica que lleva varias décadas y que se intensificó a partir de octubre de 2023 con un saldo extraoficial de más de 68,000 civiles asesinados, 23,000 de ellos niños y niñas, además de unas 30,000 mujeres.


El poder de Netanyahu sobre las corporaciones mediáticas, las grandes tecnológicas y los conglomerados multimedios es tal que aún vemos en la televisión y en las redes sociales el discurso uniformado del periodismo meretriz: "la guerra en Gaza", "la guerra entre Israel y Hamas, organización catalogada como terrorista por varios países y la Unión Europea", "mueren 176 palestinos...".


Uno entiende que la guerra cognitiva la está ganando el sionismo (la expresión más brutal del fascismo y el nazismo) y hasta podemos aceptar, por ejemplo, que un trabajador de una panadería que apenas dispone tiempo para descansar se crea cualquier cosa que mira o escucha en su teléfono móvil, pero no así que un periodista dé por sentado lo que una sola fuente le dice sin echar mano del sentido común a falta de interés por contrastar la información disponible.


La mayoría de periodistas, hombres y mujeres, pareciera no tener claro todavía la diferencia entre periodismo y relaciones públicas. Y esto se puede comprender entre los más jóvenes que no suman ni siquiera diez años de carrera, pero de gente experimentada que lleva media vida o la vida entera en las salas de redacción no se perdona.


Los equipos de propaganda de Netanyahu y Trump, cuya eficiencia es proporcional a la cantidad ilimitada de recursos económicos de que disponen, han puesto en la agenda de los grandes periódicos, tele y radio noticieros el discurso del héroe peleando contra el villano en busca de la paz para el mundo.


De este modo, se impone en los medios de comunicación y en las redes sociales una realidad distorsionada que afortunadamente no ha calado en la mayoría de seres humanos que actualmente ha tomado partido por las víctimas. No es exagerado decir que a pesar de la grosera desinformación a la que las masas están siendo sometidas día con día, el 98 % de la población mundial sensata está en contra del genocidio en Palestina y en contra de las intervenciones con amenazas de guerra contra Colombia, Cuba, México, Nicaragua y Venezuela por parte de Estados Unidos.


Desde enero de este año, Estados Unidos ha sometido a los gobierno de Guatemala, República Dominicana, Panamá, Puerto Rico y Trinidad y Tobago, que desgraciadamente han agachado la cabeza en perjuicio de sus propios pueblos que ahora sufren las consecuencias de una injerencia en favor de poderes nocivos para las democracias y que se explica por el hecho de tener la potencia del Norte un gran temor a ver su ego destrozado frente a la diligente gestión administrativa de gobiernos eficientes como los de China y Rusia.


Es vergonzoso a estas alturas de la vida que los periodistas de los grandes consorcios mediáticos no sepan ni siquiera disimular su triste condición de marionetas y se pongan tan "neutrales" y "objetivos" sacando de sus relatos las voces de los pueblos que sufren la embestida del sionismo en Palestina, Líbano, Siria e Irán, entre otras naciones árabes, así como en los ya citados Colombia, Cuba, México, Nicaragua y Venezuela, sobre los que está en desarrollo la guerra híbrida con el "terrorismo" y el "narcotráfico" como ejes discursivos.

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