Neoliberalismo: Mentiras, amenazas y extorsiones


Texto: Godo de Medeiros | Imagen WildPress: WallPaperCave/Erbol

Hasta ahora que periodistas independientes han desafiado el modelo de periodismo híbrido (noticias/relaciones públicas/propaganda) impuesto por las grandes corporaciones mediáticas a principios del siglo pasado, un buen porcentaje de la población mundial va dándose cuenta del carácter extorsivo y criminal del neoliberalismo, el sistema político, económico, social y cultural impuesto por Estados Unidos y el Reino Unido en la década de 1980.


La mayoría de seres humanos no daba crédito hace algunos años a las advertencias de economistas y filósofos como Joseph Stiglitz y Noam Chomsky, por ejemplo, sobre la crisis profunda del capitalismo que lo estaba llevando a su etapa más desalmada: el desmantelamiento de los Estados y la cesión de su administración y control a las empresas transnacionales y multinacionales.


Así, los países de Europa, que habían alcanzado un envidiable progreso y desarrollo humanos hasta finales de aquella década, comenzaron a reducir derechos a sus ciudadanos, adoptando sin objeción alguna la receta del grupo de economistas, publicistas y políticos que diseñaron el modelo neoliberal.


Paralelamente, los europeos transportaron sutilmente aquella receta a los países empobrecidos de África, América Latina y Asia a través de ayudas económicas para atomizar a las sociedades, surgiendo de este modo en las naciones clave de aquellos continentes un abanico cultural de defensores de esto y de lo otro con lo cual fueron sepultadas sin certificado de defunción la lucha de clases y la idea de alcanzar el poder del Estado para hacer las transformaciones estructurales con políticas públicas que llevasen finalmente a los pueblos al anhelado progreso y desarrollo.


Embebidos en el nuevo paradigma donado por los enemigos históricos de la democracia y la justicia social, los grupos vanguardistas de varios países con referentes de luchas de emancipación, acabaron, en el caso particular de América Latina, convirtiéndose, consciente o inconscientemente, en útiles piezas de la maquinaria de desmantelamiento de los Estados, consintiendo, como quería y sigue queriendo el neoliberalismo, la privatización de los servicios estatales estratégicos: comunicaciones, electrificación, salud, educación y seguridad.


No obstante, el fracaso del modelo neoliberal llegó antes de lo previsto con sus escandalosas y graves consecuencias que hoy día ha hecho que sus creadores y apologistas no encuentren más remedio a su sobrevivencia que echar mano de métodos más violentos que los usados hasta entonces (mentir, amenazar, chantajear y extorsionar) para arrasar con pueblos y territorios. 


Aquella habría sido la razón por la cual los nuevos multimillonarios que sacaron provecho de los pertrechos militares de la guerra (la Internet y sus derivados) mandaran a Donald Trump a la línea del frente para salvar ya no solo al neoliberalismo, sino al reducido grupo que acumuló un poder exorbitante con aquel nefasto experimento: las grandes tecnológicas que controlan las comunicaciones.  


En mi opinión, hay cinco tipos de industrias dominando la economía mundial por ahora: a) armamentística, b) farmacéutica, c) agroquímica y biológica, d) tecnológica, e) propagandística (información y comunicaciones).


Sostenidas por el sistema financiero internacional controlado por unos pocos bancos británicos y estadounidenses, aquellas industrias concentran la casi totalidad de empresas de su especialidad, lo que llevará al colapso de las industrias locales en países fuertes, no digamos en aquellos que llevan décadas en vías de desarrollo.


El giro que el neoliberalismo ha dado en este primer cuarto del Siglo XXI es obra de la gestión de dos personajes guerreristas y endiosados: Benjamín Netanyahu y Donald Trump, quienes han tirado de las mentiras (la industria de la propaganda), de las amenazas y de la extorsión para imponer un reordenamiento de la economía capitalista mediante el genocidio, los aranceles y las invasiones armadas en un escenario de recolonización de África, América Latina y Asia.


En esta lógica vemos cómo han fabricado enemigos ficticios bajo la etiqueta de terroristas y narcoterroristas para justificar guerras de invasión con fines de apropiación de territorios y recursos energéticos y minerales como ocurre en Palestina y Rusia, en varios países de África (Burundi, Mali, Nigeria, Somalia, Sudán, etcétera) y ahora mismo en Colombia, Cuba, México, Nicaragua y Venezuela.


Bajo el insostenible argumento de que Rusia es una amenaza para Europa, Estados Unidos arrodilló a los países del Viejo Continente, obligándolos a invertir billones de dólares en la compra de armas a empresas estadounidenses para luego donarlas a Ucrania con el fin de atacar a Rusia y posteriormente a China.


Hago acá un paréntesis para desatar una idea. 


Pienso que todo este hostigamiento contra Rusia y China tiene dos propósitos perversos: 1) provocar desasosiego para mantener en vilo a sus autoridades y estropear sus dinámicas de progreso y desarrollo y 2) hostigarlos hasta el punto de hacerlos perder la paciencia para que entren en guerra (con lo cual, según los cálculos de Netanyahu y Trump, saldrían ganando Estados Unidos, Israel y el Reino Unido).


Por lo visto, el paso dado por Estados Unidos con respecto a Europa estaba fríamente calculado. Y es que con tantos políticos corruptos al frente de las naciones europeas, el vasallaje estaba más que garantizado, tomando en cuenta también la información confidencial que Netanyahu tiene de cada uno de aquellos a los que puede hundir con tan solo filtrar a la prensa un mínimo de la vida indecorosa de la mayoría de líderes de la Unión Europea.


En el caso de América Latina, el asunto es claro: Estados Unidos quiere el petróleo, el gas natural y el oro que existen en cantidades estratosféricas en Venezuela. Esto lo han dicho decenas de miles de analistas, líderes políticos y presidentes como Gustavo Petro, Miguel Díaz Canel y el propio Nicolás maduro. 


Para disimular tan malvados propósitos, el país del norte necesita una excusa como la implosión de las Torres Gemelas y de ahí el discurso de las drogas y el terrorismo que básicamente habría sido formulado por los propios narcoterroristas radicados en Miami, Florida, que durante décadas han aportado enormes cantidades de dólares a las campañas políticas de demócratas y republicanos, siendo uno de sus beneficiados Marco Rubio, quien, según un ex contratista de la CIA entrevistado por France24, le habría prometido a aquellos narcoterroristas retribuir el financiamiento haciendo todo lo posible por derrocar a Hugo Chávez primero y ahora a Nicolás Maduro.


¡Quién con una luz se pierde!


El neoliberalismo destruyó la infraestructura estatal en la mayoría de países y la codicia de unos cuantos empresarios, militares y políticos prostituyó la figura del partido político al extremo que los dineros del crimen organizado (tráfico de drogas, trata de personas y el contrabando de todo tipo) financiaron las campañas de los políticos que una vez siendo presidentes, diputados o alcaldes crearon la nueva infraestructura basada en la corrupción, la mentira, la amenaza y la extorsión.


No ha sido este el caso de Cuba, China y Rusia, principalmente, en donde los estados son fuertes y las instituciones funcionan para beneficio de sus pueblos. De ahí que los países que se han acercado a estas naciones sean blanco de ataques por parte de Estados Unidos y de ahí también que durante décadas la agresiva propaganda contra cubanos, chinos y rusos en el cine, en la prensa, en la radio, en la televisión y ahora en las redes sociales promueva todavía una imagen totalmente distorsionada de lo que son en realidad aquellos pueblos laboriosos, eficientes y fraternos.    


Cuba es al día de hoy el Estado más eficiente del mundo, pero el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos desde principios de la década de 1960 mantiene a su población con limitaciones y dificultades que no obstante ha ido abatiendo con valentía y heroísmo. 


En China, el 90% de su población (más de 1,250 millones de personas) tiene casa propia, por ejemplo, y su nivel de vida es de los mejores del planeta. 


Por su parte, Rusia, también bloqueada por Estados Unidos desde que Vladimir Putin está en el poder, registra, según el Banco Mundial, una tasa de desempleo de apenas un 2.5% entre una población un poco mayor a los 143 millones de personas.


Diremos finalmente que la tarea pendiente de los pueblos sujetos a los daños de esta nueva variante de neoliberalismo radica en la recuperación de las instituciones públicas, en la restitución del poder de los Estados y en la lucha por reformar el sistema de Naciones Unidas pasando primero por fortalecer los BRICS, la ASEAN y la ALBA.

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