Texto: Godo de Medeiros | Imagen WildPressGT: RRSS
Apenas tres puntos separan a la selección de Guatemala del primer lugar de su grupo en las eliminatorias para el Campeonato Mundial de Futbol 2026 que tendrá como sedes Canadá, Estados Unidos y México, pero los pesimistas de siempre auguran la eliminación de la bicolor habiendo disputado solamente dos de seis juegos y existiendo en litigio nada menos que 12 puntos.
Estos pesimistas son los mismos que cada cuatro años vaticinan el peor escenario para Guatemala en las elecciones generales, pero no cabe duda de que son los primeros en darle el voto a candidatos y candidatas que luego usarán las instituciones y sus cargos para extorsionarse entre sí y enriquecerse con el erario, de tal suerte que las figuras de la fiscalización y la interpelación, por ejemplo, fueron reducidas a espectáculos grotescos y degradantes como el protagonizado no hace mucho por un congresista que lanzó un neumático al rostro de un ministro o la amenaza de bloquear calles del presidente de la asociación de alcaldes si el gobierno veta una ley de los diputados que permite la suciedad y la contaminación en las ciudades.
Si la sele no lograra clasificarse a esta Copa del Mundo lo lamentaremos en extremo por ser acaso la última vez que se nos presenta en bandeja de plata la oportunidad de evitar enfrentamientos en la ronda clasificatoria final contra los monstruos de la Concacaf, Canadá, Estados Unidos y México, que clasificaron automáticamente por ser anfitriones, con lo que además se obtuvo el derecho a tres plazas más y una repesca.
A la innegable calidad de los jugadores nacionales con los que cuenta el talentoso entrenador mexicano Luis Fernando Tena agreguemos el hecho de que gigantes del área como Costa Rica, Honduras, Jamaica y Panamá están en la ruina deportiva, metafóricamente hablando, lo cual nos favorece, por lo que, en dos palabras, estamos frente a una oportunidad de oro.
Lo mismo podría decirse de las próximas elecciones generales de 2027, puesto que el triunfo electoral de Bernardo Arévalo y Karin Herrera sobre los cinco grandes candidatos del Pacto de Corruptos en 2023 constituyó un gol en contra de la delincuencia gubernamental y ahora mismo representa la oportunidad dorada para evitar el regreso al Ejecutivo de otra pareja cleptómana estilo Otto Pérez-Roxana Baldetti o Alejandro Giammattei-Miguel Martínez.
Se dice con mucho sentido común que la política en Guatemala se rige por el principio de pisto en mano, culo en tierra, pero esto no debe, bajo ningún punto de vista, constituirse en excusa para quedarse de brazos cruzados cuando no se tiene el pisto que las organizaciones criminales disponen para financiar a casi la totalidad de candidatos y candidatas que una vez en el Ejecutivo y Legislativo y en las municipalidades las retribuyen con contratos de obra pública o de servicios, pero sobre todo con la designación de fiscales, jueces y magistrados que les garantizarán impunidad. Este es el verdadero negocio de la política criolla: Asaltar el tablero de la administración pública y llenarlo con las piezas clave con las que mantener la corrupción y la impunidad.
Si las elecciones generales de 2027 fueran hoy, los candidatos más votados serían, en este orden, Roberto Arzú, Sandra Torres y Carlos Pineda, de acuerdo con cálculos de WildPressGT basados en interpretación de datos recogidos en Facebook, X y TikTok en los primeros nueve días de septiembre. Dentro de este trío, el menos peor resultaría siendo Roberto Arzú, alrededor de quien, por increíble que parezca, se tendría que tejer una alianza multisectorial si partidos políticos como Winaq y Semilla no logran ampliar su horizonte con un consenso dentro del que deberá insertarse Raíces y los cuadros más valiosos de lo que el viento no se llevó del Frente Democrático Nueva Guatemala (FDNG) que después de aquella memorable hazaña de 1995 acabaría fragmentándose como los flecos de un barrilete cuando el hilo se rompe.

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