Mientras Estados Unidos y Reino Unido estén sometidos a los chantajes de Benjamín Netanyahu, la solución al genocidio en Palestina parece ser la siguiente: Que el primer ministro israelí se dé gusto masacrando hasta el último de los palestinos o que Gaza, Cisjordania y Jerusalén sean declarados de inmediato como territorios de Israel.
La sed de sangre y fortuna de Netanyahu son insaciables.
No le bastó el asesinato de Isaac Rabin, el premier israelí que firmó los Acuerdos de Paz de Oslo en los albores de la década de 1990 con el líder de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), Yasser Arafat, para poner fin a las agresiones contra aquel pueblo generoso que acogió a los judíos perseguidos por los nazis.
No le bastó destruir a la OLP creando a Hamas y financiándolo para convertirlo en un interlocutor que justificara su negocio de la guerra manteniendo de manera perenne el genocidio sostenido en Palestina para robarse sus tierras mediante actos terroristas como los bombardeos incesantes que desde octubre de 2023 han destruido más de dos tercios de la Franja de Gaza y aniquilado a decenas de miles de seres humanos, incluyendo a más de 18,000 niños y niñas.
Su nivel de arrogancia, perversidad y cinismo son repugnantes.
A pesar de que un 75 % de israelíes piensa que es un mentiroso manipulador que ha hecho de la guerra su negocio personal para perpetuarse en el poder y que deploran que se siga bombardeando la Franja de Gaza y el oprobioso avance de colonos criminales en Cisjordania, Netanyahu ha salido descaradamente a decirle al mundo que ha creado una nueva organización de terroristas con criminales de diversas organizaciones como el ISIS para continuar derramando sangre inocente en territorio palestino.
Todos los países del mundo, excepto Estados Unidos e Israel, reconocen el derecho de Palestina a existir como Estado soberano, libre e independiente, y han condenado unánimemente el genocidio que día con día se recrudece impidiendo el ingreso de ayuda humanitaria, medicinas y personal médico para auxiliar a los centenares de heridos que provocan los bombardeos y las incursiones terrestres de las fuerzas armadas sionistas.
Netanyahu es un sociópata tan desquiciado como Hitler en su tiempo.
Tal vez solo sus cómplices en el exterminio del pueblo palestino creen en las mentiras respecto de que "el terrorismo amenaza la paz de Israel". El verdadero terrorismo es el que está matando niños y mujeres diariamente en la Franja de Gaza y Cisjordania y amenaza la sobrevivencia de Palestina como territorio y pueblo, como nación e historia, como humanidad y memoria.
Hasta ahora, los esfuerzos diplomáticos no han servido para detener el holocausto palestino y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ya hizo todo lo que tenía por hacer para frenar el instinto asesino y las ambiciones de poder y gloria de Netanyahu sin que pasase nada. Entonces, ¿cuál es la salida?, ¿qué puede hacer la humanidad para salvarse a sí misma evitando el exterminio total del pueblo palestino?
Estados Unidos y el Reino Unido, los mecenas de Benjamín Netanyahu, tienen las respuestas, pero también la tienen los países árabes cercanos al escenario de la brutal matanza y la propia sociedad israelí que no querrá heredar para los siglos venideros la repugnancia del mundo por los actos terroristas de su horrible primer ministro erigido en Dios y Diablo al mismo tiempo.

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