Texto: Godo de Medeiros | Imagen: JP+
En 1976, Benjamín Netanyahu participó en una operación militar tras la cual perdió la vida su hermano mayor. No se sabe a ciencia cierta quién lo mató durante una supuesta liberación de rehenes, pero la explicación dada por el ahora primer ministro israelí apunta a palestinos, a quienes juró eliminar de la faz de la tierra para vengar aquella muerte en combate. Desde entonces, nadie ha podido explicar si aquél odia demasiado a los palestinos o si realmente se odia demasiado a sí mismo.
El ente colonial sionista conocido como Israel fue implantado en Palestina por el Reino Unido y Estados Unidos al finalizar la Segunda Guerra Mundial, como una forma de resarcir a los sobrevivientes de filiación judía tras el daño causado por los nazis en Alemania, Polonia, Rusia, Ucrania y otros países.
Para 1947, los supremacistas impulsores de la ideología sionista se hicieron con el poder en el territorio palestino asignado mediante resolución de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), afianzando desde ese momento su poder sobre Estados Unidos y gran parte de Europa. Y es a partir de esto precisamente cuando Palestina comienza a sufrir la crueldad excesiva jamás experimentada por la humanidad: El genocidio lento y doloroso prolongado hasta nuestros días.
Del exterminio en la Franja de Gaza y Cisjordania, la entidad sionista pasó a matar gente de manera indiscriminada para controlar otras naciones como Siria, Líbano e Irán, país sobre el cual lanzó el pasado 12 un violento ataque para permitir a Benjamín Netanyahu la continuidad en el poder y seguir haciendo de la guerra su mejor negocio.
Desde 1984, el sionismo impuso la narrativa según la cual Irán estaba a pocas horas de crear una bomba atómica. ¡A pocas horas, nada menos! No obstante, el tiempo ha demostrado la falsedad absoluta de aquel disparate.
El 11 junio de 2021, la BBC News Mundo, citando otros medios, publicó un artículo sobre unas declaraciones dadas por el exjefe del Mossad, Yossi Cohen, quien se jactó de haber infiltrado a las fuerzas armadas iraníes, a sus equipos de inteligencia y a su comunidad científica.
Según Cohen, el servicio de inteligencia israelí dedicó dos años en los preparativos del robo del archivo nuclear completo de Irán logrado finalmente en 2018 mediante la sustracción, según sus palabras, de toneladas de archivos de instalaciones secretas, descartándose de este modo y en definitiva la posibilidad de fabricar una bomba atómica por parte de Irán. El exjefe de inteligencia también dejó entrever la participación del Mossad en el asesinato del científico nuclear iraní Mohsen Fakhrizadeh en noviembre de 2020, el año del asesinato perpetrado conjuntamente por Estados Unidos e Israel del máximo líder de las fuerzas armadas iraníes, Qassem Soleimani.
Entre tanto, la limpieza étnica en Gaza y Cisjordania continúa con centenares de masacrados día con día mientras Netanyahu, en un acto de perversión extrema, montó una peculiar agencia de ayuda humanitaria, con ayuda del gobierno estadounidense, para en realidad acercar sus fuerzas terroristas a la población sometida a una hambruna cruel y despiadada en Gaza y dispararle a sangre fría en el momento del simulacro de entrega de comida.
El 9 del mes en cuso, el historiador israelí Omer Bartov le dijo a la BBC News Mundo lo siguiente: "Llevan meses bloqueando Gaza, con la esperanza de que la gente muera o se vaya o sea aceptada en otro lugar". Esta infamia del sionismo ha sido matizada por Benjamín Netanyahu con estas palabras: "Nuestro único problema es encontrar países que los acojan".
"La destrucción es a gran escala. El tonelaje de bombas lanzadas sobre Gaza es mayor que el de las bombas lanzadas sobre ciudades alemanas durante la Segunda Guerra Mundial (...) Yo he oído a reservistas israelíes que regresaron de Gaza y dijeron que lo que vieron les recordó a imágenes de Hiroshima", subraya Bartov.
Un dato intrigante lo constituye el hecho de haber anunciado Elon Musk, el exdirector de recortes presupuestarios de Donald Trump, la existencia de documentos en donde se implica al mandatario estadounidense en la Lista de Epstein para posteriormente retractarse y pedir disculpas justo antes de los ataques israelíes contra Teherán a falta de dos días para celebrarse una reunión programada entre Estados Unidos e Irán sobre energía nuclear.
Musk buscaba recortar hasta donde fuera posible las partidas presupuestarias en virtud del deseo de Trump de disponer de más dinero para los gastos militares de los cuales Israel goza de al menos un 20 % anual. Esto explicaría, de acuerdo con versiones de analistas internacionales, la fuga de al menos 2,000 empresas israelíes hacia otros países y la decisión reciente de unos 2.5 millones de ciudadanos de abandonar aquel territorio arrebatado a Palestina desde hace casi ocho décadas.
El aislamiento internacional, el desprecio unánime y la crisis económica y financiera están empujando a Benjamín Netanyahu a tomar las peores decisiones desde la muerte de su hermano y probablemente ordene, de un momento a otro, un ataque espectacular contra el propio Israel, pensando en conmover al mundo culpando a Irán con tal de forzar a Donald Trump a entrar en una guerra nuclear no deseada por la humanidad como no sea por lo más horrible y repugnante de esta: El fanatismo de los sionistas nazi-fascistas.

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