Texto: Godo de Medeiros, editor de WildPressGuatemala
El 20 de abril publicamos el artículo ¿Primer fraude electoral con IA? con el que expusimos nuestros puntos de vista sobre la segunda vuelta electoral en Ecuador que resultó en una sospechosa victoria de Daniel Noboa, quien violentó reiteradas veces la Constitución de su país para aspirar a mantenerse en la presidencia.
Desafortunadamente, Blogger borró nuestro material.
Y a pesar de haber apelado, hasta las 00:30 horas de este miércoles 30 de abril no ha sido restablecido el texto, como esperábamos, pues en ningún caso hemos transgredido las normas de convivencia de esta plataforma de Google ni creemos haber sobrepasado los límites que impone el derecho a la libertad de expresión, de opinión y de información contenidos en los tratados y convenios internacionales sobre la materia y en el Artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
No obstante lo dicho, el propósito de estas líneas no es la queja o la acusación de un acto repudiable como resulta ser la censura, sino advertir sobre el cada vez más complicado ejercicio del criterio en un ciberespacio dominado por la desinformación y la manipulación de los algoritmos por parte de las grandes compañías tecnológicas, cuyos fundadores y propietarios forman parte del círculo de poder del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quien está actuando como si fuera el administrador del mundo y sus habitantes.
El fascismo y el nazismo derrotados por la Unión Soviética en la II Guerra Mundial están hoy día cobrando revancha al tratar de imponer sus ideas supremacistas de manera abierta y descarada como lo están haciendo Benjamín Netanyahu exterminando al pueblo de Palestina y Donald Trump endureciendo sanciones arbitrarias e injustas para asfixiar económicamente a los heroicos pueblos de Cuba, China, Rusia y Venezuela.
Pero no todo es abierto y descarado.
Hay sutilezas con efectos igualmente devastadores como el despojo y la colonización cognitiva que vienen desarrollando con bastante éxito, desgraciadamente, las redes sociales como Twitter o X, Facebook y TikTok, que deliberadamente ponderan unos contenidos en detrimento de otros, con lo que han logrado adoctrinar a la mayoría de sus usuarios y suscriptores con las ideas convenientes al hegemonismo occidental.
Pese a que en principio ofrecían que las redes sociales serían gratuitas, la diseminación de virus y las facilidades otorgadas a los hackers han justificado el cobro casi extorsivo a los usuarios para mantener a salvo su privacidad o bien reducen el alcance de ciertos contenidos para que el usuario pague si quiere ampliar sus posibilidades de ser leído. Y si bien esto se enmarca en las típicas técnicas del comercio, inquieta sobremanera que constantemente sean boicoteadas las cuentas, páginas o perfiles de quienes rechazan el exterminio de la población palestina a manos de Israel o de quienes piden el cese del bloqueo económico, financiero y comercial impuesto injusta e inhumanamente hace más de seis décadas por Estados Unidos a la población de Cuba.
Ejemplos sobran, pero el tiempo escasea.
En tanto las potencias emergentes como China y Rusia y el bloque de países BRICS logran, para bien de la humanidad, nuevas tecnologías ciberespaciales con las que contrarrestar la influencia negativa de la desinformación y la manipulación que prevalece en las redes sociales que hemos citado, tocará seguir usando estos espacios mientras no acaben por darnos de baja por el hecho de estar en contra del genocidio y de los chantajes y extorsiones de tipo económico, comercial y financiero en contra de pueblos que defienden su soberanía e independencia con dignidad.

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