El chihuahua gigante


 Texto: Godo de Medeiros | Ilustración: DaveBrownToons

El día en que tomó posesión, Donald Trump estuvo arropado por al menos una docena de los hombres más ricos e influyentes del mundo y dejó claro de qué irá su segundo mandato: Infundir pánico por medio de la amenaza y el chantaje. Fiel a su estilo provocador, también se aseguró de dejar sin aliento a sus rivales demócratas y de encender las alarmas en el resto del mundo sobre el advenimiento de un recargado Robinson Crusoe.


Minutos después de concluida la ceremonia del lunes 20 de enero, el analista cubano Reinaldo Taladrid hizo la que acaso sea la más clara y profunda lectura conocida hasta hoy de aquel discurso pronunciado por un Donald Trump demasiado confiado en el éxito de unas promesas que quedará por ver si llegan a materializarse.


"No hay sorpresas: todo lo que se dijo hoy se había dicho en los mitines de campaña electoral", declaró Taladrid al inicio de una entrevista con la cadena TeleSUR. De inmediato, el analista puso en evidencia la "política de doble rasero estadounidense" al subrayar el ofrecimiento de continuar el muro en la frontera con México usando al Ejército y hablar a la vez de "evitar una tercera guerra mundial".


Sin embargo, el experto en temas internacionales alertó sobre lo que quizás sea la declaración del mandatario estadounidense que mejor define las verdaderas intenciones en su segunda estancia en la Casa Blanca: La anexión de Canadá como el estado 51 y la compra o conquista de Groenlandia, territorios que le servirían como bases estratégicas para lanzar cohetes contra Rusia y China, por un lado, pero también para apoderarse de las enormes reservas de gas y petróleo, además de numerosos minerales, que existen debajo de la helada superficie groenlandés.


Claro está, entre los empresarios con las mayores fortunas del planeta que fueron invitados al traspaso de mando había de las industrias farmacéutica, petrolera y armamentística, aunque los más notorios fueron los de las grandes tecnológicas: Mark Zuckerberg (Facebook, Instagram y WhatsApp), Jeff Bezos (Amazon), Sundar Pichai (Google), Shou Zi Chew (TikTok) y, por supuesto, Elon Musk (X, Starlink y SpaceX).


Los lectores más despistados habrán notado hasta aquí que Amazon, Google, Facebook y X, por ejemplo, son estratégicamente claves para el control no solo de los datos personales de la humanidad sino para su ubicación física a la hora de desatar ataques personalizados o masivos con armas de cualquier tipo, al estilo de lo demostrado por Israel cuando detonó smartphones, walkitalkies y beepers en un golpe masivo y simultáneo con el que mató a la dirigencia en pleno de Hezbolá y a centenares de particulares en Líbano.


Por supuesto que Trump también habló de la posibilidad de una paz entre Rusia y Ucrania, anunció "la recuperación del Canal de Panamá" y en sus primeros días en la Casa Blanca ordenó la aplicación de aranceles a Canadá y México que luego dejó en suspenso y que posteriormente retomó agregando a China y a la Unión Europea (UE).


Si bien sus disposiciones en lo que respecta a Rusia y Ucrania tienen posibilidades de éxito al igual que su política de deportaciones de inmigrantes latinoamericanos por constituir la parte más débil de la cuerda, una guerra arancelaria y la repatriación de las empresas estadounidenses para "hacer grande a Estados Unidos de nuevo" acabará despersonalizándolo y provocando que lo abandonen y traicionen aquellos que hoy lo están azuzando como a un chihuahua.


Liderados por los nefastos Keir Starmer, Emmanuel Macron y Úrsula von der Leyen, Europa lo está desafiando tanto como Volodimir Zelenski, el marioneta receptor de al menos US$350 mil millones, según palabras del propio Trump, que Estados Unidos ha invertido desde 2014 para invadir Rusia. Pero lo que hagan o digan estas criadas respondonas quizás no le afectará demasiado.


El peor enemigo de Donald Trump ni siquiera es su megalomanía ni su propio ego.


Cuando a principios de 2024 la entonces vicepresidenta Kamala Harris le dijo a Benjamín Netanyahu que Estados Unidos no permitiría que Israel se anexara Gaza al finalizar el genocidio contra el pueblo palestino, de inmediato el primer ministro dispuso cambiar de administrador en la Casa Blanca y empleó sus esfuerzos en enterrar políticamente a los demócratas.


Por algo Netanyahu ha sido el único jefe de Estado que se ha reunido con Trump en la Casa Blanca por ahora (a Zelenski no se lo puede tomar como jefe de Estado, aunque fue recibido a chicotazos en aquel recinto). Su visita fue como la de un patrón a su finca. Y el administrador encargado de que todo estuviera en orden fue Elon Musk.


Ambos, Netantahu y Musk, son lo que la correa y el bozal a un perro.

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