Una era primitiva: El triunfo de Trump


Texto: Godo de Medeiros | Imagen: Collage con fotografías de Jabin Botsford y pelispop.lat

El triunfo arrollador de Donald Trump y su Partido Republicano en las recién finalizadas elecciones en Estados Unidos solo ha sorprendido a quienes dependen para sus análisis de lo que dicen las empresas encuestadoras y las corporaciones de noticias del hemisferio occidental, cuya orientación se ciñe a la defensa a ultranza del capitalismo tramposo y voraz.


Kamala Harris, su principal contendiente (pues también compitió Jill Stein, del Partido Verde), pudo haber roto paradigmas, pero la falta de carácter y sus pésimos asesores jugaron en su contra cuando en el día de la proclamación y luego en el debate que ganó al multimillonario de ascendencia escocesa tuvo los momentos estelares que debió aprovechar tomando en cuenta la adhesión a su candidatura de celebridades tales como Taylor Swift, Beyoncé, Lady Gaga, Jennifer López o Katy Perry, entre casi un centenar de auténticas movilizadoras de masas.


Harris perdió también por su infortunada subordinación a Benjamín Netanyahu, que a la vez la convierte en cómplice de la matanza de al menos 20,000 niños y niñas en la Franja de Gaza de entre más de 43,000 víctimas civiles del Holocausto palestino que provocó que los electores árabes y musulmanes de Estados Unidos le dieran la espalda tal y como lo hicieron los latinos, aunque por motivaciones que avergüenzan por preferir la construcción de muros antes que la habilitación de puentes para que más de sus pares puedan optar a condiciones económicas que en sus países de origen son inalcanzables.


Desde que cedimos sin resistencia alguna nuestra manera de pensar y nuestras decisiones personales a Facebook, Twitter (hoy X), TikTok o Instagram, el voto en cualquier proceso electoral terminó convirtiéndose en un producto de fabricación masiva como las hamburguesas o las papas fritas, de tal suerte que el cliente, en este caso el partido político o el candidato, elige del menú aquello que puede pagar.


Trump es un experimentado negociante y como tal sabe comprar.


En su artículo "Readmitidos en la red X propagan desinformación", publicado en The New York Times, Kate Conger, Tiffany Hsu y Aaron Krolik detallan cómo algunas de las cuentas de la otrora red social Twitter que fueron inhabilitadas por diversos motivos pero luego readmitidas cuando Elon Musk compró la compañía y la rebautizó como X, acabaron siendo útiles a los propósitos del expresidente que en enero de 2021 incitó una rebelión que puso en predicamento la democracia de aquel país.


"Algunas de las cuentas restablecidas también pusieron en tela de duda por adelantado los resultados de las elecciones estadounidenses. Musk responde y comparte periódicamente las afirmaciones de estos usuarios, elevando sus publicaciones a sus 200 millones de seguidores. Muchos de los usuarios han visto estallar su número de seguidores", destaca un fragmento del artículo.


Si bien la sociedad con Musk fue el más determinante acierto del comando de campaña de Trump, su éxito también se debe a la audacia de sus publicistas que supieron sacar provecho del supuesto atentado durante un mitin el pasado julio en Pensilvania, en donde un negligente francotirador habría hecho rozar una bala en la oreja del exmandatario que fue retratado en el acto en una escena que nada tenía que envidiar a los carteles promocionales de las películas El patriota o Corazón valiente, de Mel Gibson.


Y es que en un país con la mayor industria cinematográfica del planeta, el mito o la leyenda tienen mejor reputación que la realidad misma, gracias al eficiente trabajo de la propaganda y la publicidad que no solamente en Estados Unidos sino en casi la totalidad del mundo abolieron del imaginario colectivo la lucha de clases al implantar una democracia en la que no existen ricos y pobres, opresores y oprimidos, explotadores y explotados, sino pequeñas o grandes tribus que van desde los defensores de la naturaleza hasta los desamparados emos.


"Es una era tribal", anota Peter Baker en su artículo "´El Estados Unidos de Trump´", publicado también en The New York Times, y en el que recuerda que el ataque al Capitolio de enero de 2021 por fanáticos de Donald Trump "ha pasado de ser un ataque mortal a la democracia a ser un acto patriótico". Así las cosas para la inmensa masa de electores que no obstante fue de unos 12 millones más que en 2024 respecto de las elecciones de 2016 que el republicano le arrebató a otra candidata del Partido Demócrata: Hillary Clinton.


Cuando el 10 de septiembre pasado comparecieron al debate presidencial de la ABC News, Harris doblegó a Trump, pero un desliz inmediato del comando de campaña demócrata filtrando equivocadamente la decisión de hacer un segundo cara a cara fue el inicio del desmoronamiento de una campaña en la que la vicepresidenta acabó arrodillándose frente a la beligerancia verbal de su contendiente, que la superó por poco más de tres millones de votos el martes 5.


Baker lo dice con sencillez, pero con una claridad y contundencia proverbiales: "En lugar de sentir rechazo por las proclamaciones de Trump basados en la ira en temas de raza, género, religión, origen nacional e identidad transgénero, muchos estadounidenses los encontraron estimulantes. En lugar de sentirse ofendidos por sus mentiras descaradas y sus descabelladas teorías de conspiración, muchos lo encontraron auténtico".


No hay nada más que decir.

1 Comentarios

  1. Muy buen análisis. La actitud de los latinos acomodados demuestra para mí que "el ser humano es malo por naturaleza". Además en USA hay mucho votante machista, racista y que no tiene una pizca de cerebro y se deja muy fácilmente manipular.

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