Texto: Godo de Medeiros | Imágenes: LadoNoticias y RevLaskaris
Al cabo de 375 días de monstruosos e incesantes bombardeos terrestres y aéreos contra la población civil palestina en la Franja de Gaza y Cisjordania, y un gasto militar de al menos US$18 mil millones donados por Estados Unidos, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) anunciaron el pasado 17 de octubre la muerte de Yahya Sinwar, líder del grupo Hamás, supuesto responsable de haber ordenado la ejecución de 1,200 personas y la toma como rehenes de otras 250 durante un festival de música el 7 de octubre de 2023.
Imágenes captadas por un dron de las FDI tras una potente explosión que destruyó un edificio en donde se encontraba el solitario combatiente muestran los últimos instantes de vida de un desafiante Sinwar que aún herido gravemente intenta derribar el artefacto, lanzándole un objeto, luego de lo cual, al parecer, los soldados israelíes le dispararon repetidas veces en la frente, acabando así con su vida y convirtiéndolo a la vez en leyenda.
Yahya Sinwar no fue en vida sino el resultado de una mala gestión en 1947 de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que a raíz de una injusta repartición del territorio palestino en dos Estados, uno árabe y otro judío, fue incapaz de hacer valer derechos a Palestina y solamente fue reconocido Israel como Estado independiente. No conformes con las tierras obsequiadas, los israelíes, gobernados por fanáticos sionistas, emprendieron desde entonces una política de expansión a sangre y fuego, lo que, por lógica, tenía que dar paso al surgimiento de una resistencia.
Hamás surgió a finales de la década de 1980, pero es hasta 2006 en que su influencia crece en la Franja de Gaza, manteniendo constantes hostilidades con Israel, aunque en condiciones militares absolutamente desiguales, lo que increíblemente ha dado excusas a Estados Unidos, Reino Unido y la Unión Europea para apoyar militar y financieramente al régimen sionista para una supuesta lucha "antiterrorista" que a partir del 7 de octubre del pasado año ha acabado siendo el genocidio más espeluznante que jamás haya atestiguado la humanidad: el perpetrado contra el pueblo palestino.
A partir de aquella fecha, las FDI, subordinadas a los intereses personales de Benjamín Netanyahu, declarado como criminal de guerra por la Corte Penal Internacional (CPI), han lanzado más de 300,000 bombas y misiles de hasta ocho toneladas contra la población civil en la Franja de Gaza y Cisjordania, destruyendo aproximadamente el 85 % de la infraestructura y matando a unas 43,000 personas, mujeres y niños en su mayoría, mientras que entidades humanitarias estiman el número de heridos en por lo menos 120,000 y un millón de desplazados.
Además, Netanyahu dio órdenes a sus tropas y a los temibles colonos para cortar el suministro eléctrico, el agua, la ayuda humanitaria en alimentos y medicinas, así como el bombardeo de hospitales, escuelas, centros de salud y campamentos de refugiados, siendo quizás la orden más espantosa la de quemar vivos a niños y adultos heridos mientras recibían atención en carpas improvisadas. ¡Los hornos de Netanyahu! ¡El Auschwitz de Netanyahu!
A Yahya Sinwar el sionismo atribuye la ejecución de 1,200 personas y la toma de 250 rehenes, a los que Netanyahu prometió rescatar con vida y retornarlos a sus hogares sanos y salvos. Sin embargo, los bombardeos indiscriminados no parecen corresponderse con la lógica de "rescatar con vida" a unos rehenes que a lo mejor murieron bajo miles de toneladas de explosivos y antes bien nos sugiere que los objetivos de fondo del primer ministro israelí no son los rehenes sino la expansión del genocidio hacia los pueblos de Líbano, Siria e Irán para después apoderarse de sus territorios como lo ha hecho con los de Palestina.
Diversos analistas en redes sociales concuerdan en que la muerte de Sinwar tomó por sorpresa al ejército sionista, que lo mostró gravemente herido tras un bombardeo a un edificio donde se hallaba solo y sentado sobre un sillón desde donde lanzó una pieza de metal o de madera a un dron que lo estaba filmando antes de que le dispararan en la frente, lo que significa que murió con la moral en alto y arremetiendo.
Lejos de presumir su aniquilamiento, Israel ha logrado inmortalizar al dirigente de Hamás que según versiones de prensa estuvo en cautiverio de las FDI en el pasado. Hoy es reivindicado en todo Medio Oriente y se han creado diversas representaciones con su última escena, mientras que la popularidad de Netanyahu ha descendido a niveles insospechados en el propio Israel, Estados Unidos y Reino Unido, en donde reside su mayor número de simpatizantes, pues en el resto del planeta se lo considera un personaje vil y despreciable.

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