Por Godo de Medeiros | Imagen: Mural en Nuevo México/Marco Cobos
Desde siempre los hubo, pero nunca como ahora su dominio se hace sentir con mayor perturbación debido al poder de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación apalancadas por la Inteligencia Artificial (AI, en inglés) que pareciera haber sido desarrollada para que obtuvieran mayores beneficios.
Acaso la perversidad acabó por imponerse a la buena voluntad desde que se masificó la noticia del suplicio de Jesucristo a manos de traficantes, comerciantes, delatores y traidores, para quienes era incómoda la convivencia con un líder que pregonaba valores tales como la fraternidad, la honestidad, la tolerancia y la justicia social en las ciudades de su natal Palestina, y que siglos atrás habría enarbolado también Espartaco en los territorios de la antigua Roma.
Mucho tiempo transcurriría desde las crucifixiones del libertador de esclavos y del más célebre de los palestinos para que emergieran en el planeta líderes con profunda vocación de libertad y justicia como lo serían, en distintas épocas y circunstancias, Mao Tse-Tung en Asia, Patricio Lumumba, Oliver Tambo y Nelson Mandela en África, Jacinto Canek, Lautaro, Simón Bolívar, Ernesto Che Guevara y Fidel Castro en América, por citar solo a algunos.
A aquellos personajes se les recordará no solamente por sus luchas contra los poderes hegemónicos y tiránicos sino por su legado de enseñanzas sobre la necesaria unidad de los pueblos para alcanzar la justicia económica, política, social y cultural que las elites siempre les han negado y les seguirán arrebatando, como ahora que luego de varias décadas en que el planeta ha vivido relativamente en calma han reactivado el colonialismo y la supremacía racial.
El mundo capitalista de nuestros días está siendo guiado por personajes negativos cuya avaricia y narcisismo amenazan la propia sobrevivencia de la vida vegetal, animal y humana. Entres estos personajes visibles se encuentran Joseph Biden, Donald Trump, Benjamín Netanyahu y Florentino Pérez. Después de ellos están los líderes de Europa, sus empleados prácticamente, mientras que a su lado se mantienen haciendo el trabajo sucio de lavado de cerebro los dueños de Microsoft, Google, Meta-Facebook-Instagram y X (antaño Twitter).
Han sido las plataformas tecnológicas las responsables del rápido (y al parecer imparable, lamentablemente) deterioro de la capacidad cognitiva de un dramático porcentaje de la población mundial con acceso a las mismas que estará entre un 30 y 37%. Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, entre las que sobresalen las redes sociales, han separado a los seres humanos entre sí y a estos de los centros educativos, científicos y culturales, así como de las instalaciones deportivas y hasta de los núcleos familiares.
Poco a poco, las bibliotecas o los museos, por ejemplo, pasaron a ser reliquias que a las juventudes resultan tan aburridas que en algunos lugares pronto comenzarán a reclamar sus cierres o demoliciones.
Los niveles de adicción a los teléfonos móviles para permanecer conectados a Meta o X más horas que las necesarias para trabajar, comer y dormir debería de preocuparnos tanto como poner un alto al robo descarado e inhumano de los territorios de Palestina a manos de los sionistas liderados por Netanyahu con ayuda de Biden y Trump y el silencio casi unánime (a excepción de 10 países) de la Unión Europea.
Cualquiera puede objetar nuestro punto de vista respecto del papel de las gigantes ciberespaciales como las citadas por cuanto "los buenos también pueden hacer uso de ellas", pero justamente en ello está el engaño, puesto que los algoritmos de esas compañías "saben muy bien" qué contenidos pueden ser consumidos por el 90% de sus usuarios y cuáles por solamente el restante 10%.
No en vano los dueños de estas empresas han guardado silencio ante la censura de Estados Unidos a la red Tik Tok y a los sistemas operativos de los teléfonos Huawei, alegando supuesto "peligro de espionaje por parte de China", cuando en realidad la estrategia está orientada a garantizar la hegemonía del discurso que le hace bien al capitalismo colonialista y supremacista racial.

Publicar un comentario