Por Godo de Medeiros | Fotografía: Robert Kennedy Jr./MSN Images
En todos los bordes fronterizos con Rusia están instalados arsenales de armamento pesado de la OTAN que ha mandado a colocar Estados Unidos con el propósito de amedrentar a un Bladimir Putin que no obstante espera sereno una guerra que no ha buscado ni promovido. El presidente de Rusia, por el contrario, ha gestionado la paz con su vecina Ucrania a pesar de que ya casi se cumple una década de estar siendo hostigado y provocado.
Fue a partir de 2014 cuando Estados Unidos comenzó a instigar a los países de Europa, en particular a Ucrania, empujándolos a una confrontación sin razones ni sentido contra el gobierno de Putin que en 2012 había logrado su tercera reelección gracias en parte a su decidida apuesta por el patriotismo basado en los valores de la otrora Unión Soviética y al rescate de una economía que el neoliberalismo dejó en ruinas.
A partir del tercer mandato de Putin, Rusia escaló posiciones a nivel mundial en lo económico, político y social, tanto como en lo tecnológico, convirtiéndose en seria candidata a potencia mundial junto a China e India, capaces de arrebatarle a Estados Unidos el privilegiado sitio de la primera potencia del mundo. Así las cosas, al país norteamericano no le quedó alternativa que recurrir a los viejos métodos de propaganda para posicionar la idea de que "Rusia es una amenaza para Ucrania y Europa" con tal de justificar una invasión a su territorio a cargo y cuenta de los europeos.
Con aquel escenario de fondo llegan a la contienda por la presidencia de los Estados Unidos dos viejos zorros cuya obstinación por el poder los ha llevado a patrocinar el exterminio de la población palestina en la Franja de Gaza a manos de los sionistas que detentan el poder en Israel y a la vez a armar hasta los dientes al régimen de Ucrania para que continúe el hostigamiento hacia Rusia tratando de que sus autoridades se salgan de sus casillas y "justifiquen" así la guerra total en contra de aquel país laborioso y amable en sus relaciones diplomáticas con el resto de naciones del mundo.
No extraña para nada que los últimos días se haya incrementado el envío de la "ayuda militar" de Estados Unidos a Ucrania y desde los países europeos hacia Kiev, sobre todo de misiles de largo alcance y bombas atómicas trasladas secretamente desde la profundidad de los mares hacia puntos estratégicos donde la OTAN tiene bases militares, esperando una eventual orden de ataque para los últimos días de octubre que coincidirían con el cierre de la campaña por la presidencia del país norteamericano cuyas elecciones se llevarán a cabo en noviembre de este 2024.
Sin embargo, Donald Trump y Joseph Biden no se han percatado de que ambos resultan ser repugnantes a estas alturas para el electorado y que cualquier maniobra en contra de Rusia más bien abriría las posibilidades a una tercera opción presidencial liderada temporalmente por Robert Kennedy Jr. y su plataforma Sin Etiquetas, que en cualquier caso podría dejar abierta la posibilidad de acabar en un futuro no lejano con el monopolio del poder político que se alternan demócratas y republicanos.

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