Por Godo de Medeiros | Ilustración: Europa Press
La mayoría de latinoamericanos ni siquiera estaba enterada de que habría elecciones al Parlamento Europeo el domingo 9 de junio. Y no era a propósito un desinterés en los asuntos políticos del Viejo Continente, sino de un caso de prioridades. A las masas en América Latina les interesa saber cómo va LaLiga, la Premier League o de pronto la Bundesliga, pero no más. Se ignora todavía la dependencia de Europa y más aún que de su parlamento emanan acuerdos internacionales que afectan, para bien o para mal, la dinámica política, económica y cultural de este lado del océano.
En el caso de Guatemala, el comercio con Europa le significó en 2023 a los empresarios guatemaltecos unas ventas superiores a los US$1 mil 500 millones solamente en tres productos: aceite de palma, café y banano. Por su parte, los importadores locales invirtieron casi US$2 mil millones en medicamentos, malta y materias primas para preparar alimentos que revendieron a los consumidores quintuplicando los precios.
Por otra parte, la Unión Europea aportó un poco más de US$1 mil millones en donaciones a Guatemala para programas de desarrollo, medio ambiente y gobernanza con respeto a los derechos humanos.
Pero al margen de estos datos, el domingo hemos visto cómo Estados Unidos se ha convertido en el ganador de las elecciones europeas al estimular el posicionamiento de los grupos nazistas y fascistas de la extrema derecha que probablemente radicalizarán en adelante las discusiones sobre temas relacionados con la inmigración desde los empobrecidos países de África hacia los países europeos, la reducción de la seguridad social y los derechos de la clase trabajadora, el genocidio en Gaza y, obviamente, la guerra contra Rusia desde una Ucrania convertida en el puesto avanzado de combate de la Otan.
Fiel al dogma de que "Estados Unidos no tiene amigos, solo intereses", la administración de Joe Biden, si bien es cierto se ha disparado en el pie al alentar el triunfo de los extremistas de derecha en Europa, dio un paso importante en la desintegración de aquellos países y en su respetiva ruina económica que ha venido advirtiendo la brillante periodista española Helena Villar Ortega.
Y es que desde que los líderes europeos aceptaron someterse a los caprichos de Estados Unidos para intentar una invasión a Rusia desde Ucrania, tirando de la Otan, sus economías se resintieron al extremo de que potencias como Alemania tienen hoy serios problemas no solamente con los precios y suministro de hidrocarburos. Francia, otra potencia del bloque, se sitúa actualmente por debajo de Portugal y España y solo por encima de Italia y Grecia como las peores economías del continente.
Incluso, al nomás conocerse las primeras encuestas a pie de urna de las elecciones de este domingo, Emmanuel Macron disolvió el parlamento francés y convocó a elecciones anticipadas, mientras que Alexander De Croo, primer ministro de Bélgica, dimitió empapado en lágrimas por los resultados adversos.
En 2018, el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ofreció que construiría un muro en la frontera con México pagado por los propios mexicanos, quienes, según él, "disfrutarían" al hacerlo. Y tal pareciera que Biden convenció a los gobernantes europeos para hacerle la guerra a Rusia a cuenta de los propios contribuyentes europeos. Ucrania es la víctima notoria de este juego macabro, pues ha sido obligada a "aceptar préstamos" falazmente otorgados como "ayuda militar" por varios cientos de miles de millones de dólares que no podrá pagar jamás o que lo hará entregando sus minerales.
Este camino pisan otros países de la Unión Europea. De ahí que el vicepresidente del Consejo de Ministros de Italia, Matteo Salvini, se refiriera al secretario general de la Otan, Jens Stoltenberg, como alguien peligroso al que habría que ponerle un alto por su irresponsable insistencia en "usar armas italianas y europeas para asesinar rusos".
Mientras Israel avanza en el exterminio del pueblo palestino para apropiarse de la Franja de Gaza y de Cisjordania en tanto prepara operaciones similares en Siria, Líbano, Irak e Irán con apoyo de Estados Unidos, Ucrania ha puesto en marcha una campaña de reclutamiento forzoso de combatientes para iniciar la invasión a Rusia por aire y tierra, lo que desencadenaría, lógicamente, una respuesta defensiva de los rusos con graves consecuencias para Europa.

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