Texto: Godo de Medeiros | Imagen WildPress: X.com
Decir que todos los israelíes piensan y se comportan como su ministro de seguridad nacional, Itamar Ben-Gvir, sería irresponsable y hasta injusto por cuanto un importante porcentaje de ellos, aunque minoría, representa justamente la antítesis de sus autoridades y habría que agregar que además son sus víctimas, no solamente por las acciones violentas de las fuerzas militares y de seguridad sino del estigma de Estado terrorista que pesa sobre Israel.
Hace pocas horas se conoció que Estados Unidos e Irán firmaron el Memorando de Entendimiento para acabar con la agresión del país norteamericano e Israel contra la nación persa, que inicialmente se anunció para celebrarse en presencia de Donald Trump y Masoud Pezseshkian este viernes en Suiza, pero que a última hora se adelantó, temiendo acaso un atentado contra ambos.
Es de dominio público que recientemente Estados Unidos atacó a Irán en dos ocasiones en menos de un año, junio de 2025 y febrero de 2026, impelido por el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, su gabinete de gobierno y el llamado Lobby Israelí bajo el supuesto de que la nación musulmana estaría "a una semana de fabricar la bomba atómica", narrativa que Israel viene sosteniendo sin aportar ninguna prueba desde al menos 1979.
El desarrollo atómico no implica la fabricación de bombas nucleares.
En el caso de Irán, el propio ayatolá Alí Jameneí, líder religioso de la nación islámica asesinado el 28 de febrero pasado junto con su familia, incluida su nieta de menos de un año de edad tras el lanzamiento de misiles a su residencia, había mantenido una férrea y contumaz oposición a la fabricación de armas atómicas como producto del enriquecimiento de uranio que él concebía sólo para usos en la medicina y en otras disciplinas científicas.
Al tiempo que era bombardeada la residencia de Jameneí, varios misiles más fueron detonados contra una escuela en cuyo interior había 168 niñas y 14 maestros. Estados Unidos reivindicó ambos atentados terroristas, defendiendo que lo hizo presionado por Israel. Aquellos crímenes de guerra constituirían finalmente el punto de inflexión para llegar a la firma del Memorando que la élite gobernante del ente sionista de ocupación rechazó rotundamente desde el momento en que Trump anunció tal posibilidad.
Tras dejar en escombros el 80 % de la infraestructura de la Franja de Gaza a raíz de la limpieza étnica de la población palestina que ha significado cerca de 100,000 mil personas asesinadas en menos de tres años, un tercio de ellos niños, Israel continuó en paralelo su campaña genocida en Cisjordania, en donde los sanguinarios colonos han incendiado comunidades enteras para robar sus tierras, y extendió la política expansionista y genocida al Líbano, país cuya soberanía ha defendido el brazo armado de la agrupación política Hezbollah, al que Israel ha etiquetado como "grupo terrorista" por oponer resistencia a la invasión y a los bombardeos.
En el Memorando hay una cláusula sobre el cese inmediato de ataques que incluye al Líbano, pero Israel no ha cesado los bombardeos y las incursiones terrestres en el sur de esa nación y ya habla de que controla el 45 % de su territorio que pretende anexar. Esto significa, ni más ni menos, que Israel está implementando el terrorismo como estrategia de expansión territorial. No se trata de que Irán está "a una semana de fabricar la bomba atómica" desde 1979.
Las declaraciones de Itamar Ben-Gvir no dejan dudas: "No podemos dejar de destruir casas en el sur del Líbano. No podemos parar. ¡Punto! Por cada lágrima de una madre israelí, mil madres libanesas deben llorar. ¡Todo Líbano debe arder!".

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