Texto: Godo de Medeiros | Imagen WildPress: RR. SS.
Dentro de dos días comenzará el espectáculo futbolístico más importante del planeta con el partido entre las selecciones nacionales de México y Sudáfrica, que inaugurarán la edición número 23 de este campeonato organizado por la Federación Internacional de Asociaciones de Futbol (FIFA).
Por segunda ocasión consecutiva, la selección de futbol de Rusia ha sido vetada por la FIFA y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) por la sencilla razón de defenderse de los ataques de las fuerzas del nuevo nazismo implantadas en Ucrania por Estados Unidos, Reino Unido y la Unión Europea (UE).
Rusia fue marginada por defenderse de la Ucrania nazi y ésta fue admitida por agredir a aquella e intentar invadirla y por rendir honores póstumos a los colaboradores más cercanos de Adolfo Hitler en la Alemania que fue derrotada precisamente por el Ejército Rojo de la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).
Por segunda ocasión también, más de un país organiza este torneo utilizado históricamente para limpiar el rostro a las dictaduras militares más crueles de la historia reciente de la humanidad. En 1934, por ejemplo, el Mundial de Futbol sirvió a los intereses de Benito Mussolini en Italia y a Rafael Videla en la Argentina de 1978.
Esta vez, Canadá, Estados Unidos y México son los anfitriones de un campeonato mundial ensombrecido por la violencia contra los migrantes, las extorsiones económicas, el secuestro del presidente de Venezuela y su esposa, el recrudecimiento del bloqueo genocida contra el pueblo de Cuba y las amenazas constantes contra Colombia, Nicaragua y México por parte del régimen de Donald Trump.
Al mismo tiempo, esta Copa del Mundo estará salpicada por la sangre del pueblo palestino a manos del sionismo israelí que ha contado con el aval absoluto del presidente de la FIFA, Giovanni Vincenzo Infantino, quien prohibió las banderas rusas y palestinas en los estadios y premió al presidente Donald Trump con el primer galardón FIFA de la Paz, además de dar su respaldo a la Junta de Paz para convertir la Franja de Gaza en un resort.
A pesar del genocidio sostenido en Palestina y en el sur del Líbano a lo largo de décadas, Infantino respaldó la participación de Israel en las eliminatorias mundialistas y estuvo a punto de desautorizar la participación del seleccionado de Irán, aunque a regañadientes acabó conformándose con que Estados Unidos denegara la visa a 15 miembros de la delegación iraní y prohibiera la permanencia de los futbolistas persas en suelo estadounidense más allá de finalizados los partidos que tenga que jugar.
De hecho, y quizás esta sea una de las escasas luces que tiene la previa al Mundial FIFA 2026, México hospedará al representativo de Irán, que tendrá que viajar a Los Ángeles y Seattle apenas horas antes de cada juego y regresar de inmediato una vez concluidos los partidos.
Un dato no menos inquietante lo representa el hecho de que por primera en la historia de los mundiales pesa una condena contra un futbolista por defender los derechos humanos y es el caso del joven delantero de la selección de España y del FC Barcelona, Lamine Yamal, quien fue advertido por Benjamín Netanyahu e Itamar Ben-Gvir por ondear una bandera de Palestina durante un recorrido de su club en las calles de Barcelona tras conquistar el campeonato español.
Por si faltara un ingrediente a los ya mencionados, el abuso en el comercio de las entradas a los estadios ha desilusionado a millones de aficionados que han visto cómo los precios de los boletos para ver un solo partido superan el valor de adquisición de un vehículo de modelo reciente o de un pequeño apartamento de US$60 mil.
Con todo, este Campeonato Mundial de Futbol será quizás el parteaguas de un deporte que en el futuro será mixto o híbrido si tomamos en cuenta el potencial emergente del futbol femenino y el de la robótica, que podría ser una alternativa a las condiciones climáticas cada vez más adversas para los jugadores(as) y a un mundo con menos humanos y más Inteligencia Artificial (IA).

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