Texto: Godo de Medeiros | Imagen WildPress: RR.SS.
Benjamín Netanyahu y Donald Trump estarían perfeccionando un modelo altamente sofisticado de dominio psicológico con el empleo de armas ultramodernas para imponer un gobierno único desde el cual implantar posteriormente la tiranía tecnológica que regirá los próximos años en el planeta.
Para lograr aquel objetivo, por el que ambos vienen luchando a partir del primer mandato de Trump en la Casa Blanca, fue necesario un trabajo de inteligencia de varios años que Netanyahu habría encargado a Jeffrey Epstein para atraer a varios potenciales líderes políticos mundiales hacia el foso de la perversión y la corrupción, según se desprende de varias fuentes abiertas disponibles en Internet.
Hay que reconocer que la idea de Netanyahu, o mejor dicho, de sus servicios de inteligencia, fue genial, perversa, pero efectiva.
Epstein habría tejido una red de colaboradores en los países más ricos del mundo con la que abasteció su negocio de placeres ilimitados hacia el que hábilmente atrajo al establecimiento político que actualmente ocupa el poder o que ejerce todavía influencia en los países de la Unión Europea (UE), Reino Unido y Canadá, principalmente.
De acuerdo con varios congresistas estadounidenses que han tenido acceso a los expedientes del caso Epstein, la pederastia era solo alguna de las "exquisiteces" del menú por la que la clase política más poderosa del planeta fue entrando en el bolsillo de Netanyahu y del que ya no podrían salir sin el riesgo del escarnio público, habida cuenta de que sus inmoralidades fueron documentadas en video y en movimientos bancarios y de tarjetas de crédito.
Según lo que se interpreta de la información que circula en Internet, a mediados de la década de 1990, la supermodelo eslovena Melanija Knavs, que habría pertenecido a la red de colaboradores de Epstein, le fue presentada en una de la fiestas organizadas por aquél al entonces exitoso magnate inmobiliario y ex estrella de cine y televisión Donald Trump.
En dos platos, el éxito de la operación de inteligencia ordenada por Netanyahu se explica en la compra del silencio de la clase política mundialmente influyente y en la construcción del personaje que usaría para intimidar y financiar sus operaciones sanguinarias: El presidente de los EE.UU.
Quien haya leído La chica del tambor, del fallecido autor británico y agente del MI6, John le Carré, podrá atisbar algún paralelismo con el hecho no ficticio de que Donald Trump fuera colocado en la Casa Blanca, aunque esto es harina de otro costal.
Tras la finalización de la II Guerra Mundial en 1945 se creó la Organización de las Naciones Unidas (ONU), de cuyo seno emanan el derecho internacional y los instrumentos de protección de los Derechos Humanos (DD.HH.). Fue el tiempo en el que EE.UU. e Inglaterra hervían de la envidia por la determinación y destreza con la que el Ejército Rojo de la Unión Soviética liderada por José Stalin había derrotado a la Alemania de Adolfo Hitler.
Fue entonces cuando las ideas de un Estado judío de Teodoro Herzl, el padre del sionismo, se materializaron después de un intenso y oneroso trabajo de convencimiento (lobby) en el foro de Naciones Unidas que acabó en 1948 con la creación del Estado de Israel en una porción del territorio de Palestina que había estado ocupada militarmente por los ingleses.
Herzl veía la inmigración permanente de judíos como un problema cuyo final llegaría estableciendo un Estado propio, razón por la cual intentó sobornar a las autoridades de Turquía (hoy Turkiye) para obtener una fracción de Siria que perteneció al Imperio Otomano.
No es descabellado pensar que los intentos frustrados de Herzl por adquirir las tierras de Siria fueran usados por EE.UU. e Inglaterra bajo la consigna "si no es por las buenas, será por las malas" y se inmiscuyeran en 1948 en los asuntos internos del naciente Estado de Israel para convertirlo en un despiadado laboratorio armamentista que en el futuro sirviera a sus intereses como la base militar más poderosa del planeta desde la cual emprender la colonización de África, Asia y Europa.
No es extraño en consecuencia que Israel sea hoy en día el mayor proveedor de seguridad del mundo y cuyo catálogo comprenda desde bóvedas de seguridad para bancos (cajas fuertes) hasta herramientas de espionaje cibernético como el hoy obsoleto Pegasus que sin embargo sigue haciendo de las suyas en países subdesarrollados.
Cuando Netanyahu dijo no hace mucho que "Israel es una potencia mundial", sabía por qué lo decía. Su control sobre la clase política de EE.UU. lo dice todo. Israel puede hacer lo que le venga en gana y si alguien lo desafía, EE.UU. salta de inmediato en su defensa, como ha quedado demostrado en las dos guerras contra Irán en menos de un año. Esto explicaría por qué Donald Trump, Marco Rubio y Pete Hegseth empeñan sus esfuerzos en desmantelar cuanto antes el derecho internacional y la cultura de los DD.HH., desobedeciendo de manera intransigente y reiterada los dictámenes de la ONU y de su Consejo de Seguridad para que cesen el genocidio en la Franja de Gaza y Cisjordania y los bombardeos contra los pueblos de Líbano e Irán.
¿Por qué y para qué desmantelar el derecho internacional y la cultura de los DD.HH.? ¿Para normalizar su incumplimiento hasta que el genocidio o la limpieza étnica sean prácticas aceptadas por todos como ver un partido de futbol?
No podemos precisar en qué momento estalló la III Guerra Mundial, pero quizás la intervención de EE.UU. y la UE en Ucrania en 2014 nos dé una perspectiva más amplia sobre esta realidad imperceptible para las mayorías.
El resurgir de los nazis en la Ucrania gobernada por otro personaje de la farándula como Volodimir Zelenski no fue por casualidad. La agresión in crescendo contra Rusia tras los acontecimiento de 2014 podría interpretarse como una represalia concebida desde 1945 contra los soviéticos por haber malogrado el proyecto de Hitler de imponer su Tercer Reich (un pueblo, un imperio, un líder).
En la concepción de los israelíes Benjamín Netanyahu, Itamar Ben-Gvir y Bezalel Smotrich y de los estadounidenses Donald Trump, Pete Hegseth y Marco Rubio, el mundo se halla sumergido en el caos. Y para salvarlo es necesario un nuevo orden en el que exista un solo pueblo (los supremacistas blancos), una sola ideología (el sionismo), un solo imperio (el tecnológico dominado por EE.UU. e Israel) y un solo líder (cualesquiera de los seis).
El pueblo de Palestina sirvió para reensayar los campos de concentración y las cámaras de gases de Hitler sin los Juicios de Núremberg; los ataques contra Rusia son la continuación del avance de la Wehrmacht hacia Stalingrado; el secuestro del presidente de Venezuela Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores marcó el inicio de la ocupación de Suramérica como en su tiempo fue la anexión de Checoslovaquia por los nazis.
En las décadas de 1930 y 1940, EE.UU. e Inglaterra no podían parar a Alemania y solo intervinieron cuando se aseguraron de que los ejércitos de China y de la Unión Soviética tenían posibilidades de triunfo, a pesar de la dolorosa realidad de haber perdido entre ambos a millones de combatientes que sumaron más de la mitad del total de víctimas de la II Guerra Mundial.
El oportunismo de estadounidenses e ingleses en aquella guerra no debería de quitar el sueño a nadie. La astucia de ambos los llevó a reconocer años más tarde su doble jugada: si Hitler ganaba, lo apoyarían sin condiciones; pero si ganaba Stalin, fingirían que lo apoyaban. Mientras tanto, ambos perfilaron su estrategia haciendo acopio de toda la información disponible en el terreno y de ahí que años más tarde surgiera la Guerra Fría que, en pocas palabras, es el antecedente inmediato de la escalofriante guerra tecnológica de nuestros días con los viajes espaciales y la revolución satelital.
La Guerra de las Galaxias, como también se le conoce a la Guerra Fría, entraña la disputa por el control del planeta y sus habitantes. De ahí la importancia de Israel para EE.UU. y de ahí también el carácter bélico de Israel que contrasta con la idea de "un Estado para las víctimas de los nazis".
Numerosos intelectuales judíos dentro y fuera de Israel abominan al régimen de Netanyahu, Ben-Gvir y Smotrich por el desprestigio mundial que incluso escupe sobre la memoria de las víctimas de Hitler que ahora abrazan sus autoridades y que da validez a las suspicacias de ser Israel la base militar más grande y sofisticada entre las más de 800 que EE.UU. insertó en la mayoría de países del mundo.
Desde Israel, EE.UU. puede extender sus dominios en tres continentes a la vez, más el subcontinente de América Latina y el Caribe. No obstante, tienen de frente a China, Irán y Rusia, lo que explica el control que ejercen en Siria y la invasión cada vez más cruenta en Líbano con miras a desatar toda su furia contra Irán, la plaza próxima a China y Rusia desde donde les sería más fácil combatirlas.
RT en Español publicó en su cuenta de X la noche del 27 de junio la amenaza de Donald Trump contra Irán, nación que según el mandatario estadounidense "dejará de existir si Estados Unidos (y no directamente Israel) se ve forzado a completar el trabajo (de devolver a Irán a la edad de piedra)".
"¡Aviones estadounidenses acaban de atacar instalaciones iraníes de almacenamiento de misiles y drones, así como estaciones de radar costeras, por violar el acuerdo de alto el fuego, otra vez! ¡Es muy posible que nunca aprendan!", escribió en Truth Social, según RT en Español.
"Puede que llegue un momento en el que ya no podamos ser razonables y nos veamos obligados a completar por la vía militar la tarea que hemos iniciado con tanto éxito. Si eso ocurre, ¡la República Islámica de Irán dejará de existir!", declaró el presidente de EE.UU.
Queda claro, en consecuencia, que Trump hace lo que Netanyahu le dice y que al "dejar de existir" Irán, solo quedarán China y Rusia como las únicas potencias que pueden malograr sus planes. Esto hace que tengan sentido las infames "sanciones económicas" y los bloqueos económicos, comerciales y financieros impuestos por EE.UU. contra aquellas naciones y sus amigos naturales, Cuba, Nicaragua y Venezuela, con el macabro propósito de debilitar sus economías al máximo y evitar su desarrollo, pero sobre todo su resistencia al gobierno único y a la tiranía tecnológica.

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