Texto: Godo de Medeiros | Imagen WildPress: RRSS
Cuando asumió como presidente de Estados Unidos por segunda vez, en enero de 2025, Donald Trump anunció una inversión estatal de US$500 mil millones para desarrollar la Inteligencia Artificial (IA) a través del programa Stargate en asociación con las empresas OpenAI, Oracle y SoftBank, propiedad de algunos de quienes lo arroparon en la ceremonia de investidura.
Según el mandatario republicano, Stargate transformará la infraestructura estadounidense en IA para superar a China, la potencia económica que está a poco de convertirse en la principal economía del planeta y en el paradigma para los líderes políticos que aspiren al progreso y desarrollo de sus pueblos siguiendo su modelo o asociándose.
Para evitar que China desplace en definitiva a Estados Unidos, Trump emplazó a un grupo de 13 milmillonarios petroleros, financieros, tecnológicos y armamentistas para acompañarlo en esta aventura que se está convirtiendo en la pesadilla de la humanidad, con la IA como la bestia terrorífica.
THE EPSTEIN FILES
Expertos en Inteligencia Artificial habían advertido años atrás sobre los peligros que entrañaba su desarrollo no controlado, lo cual, por lo visto, despertó en Trump ese instinto depredador ejercitado acaso desde sus años de amistad con Jeffrey Epstein.
Abrumado por los afectos de su relación con Epstein, quien montó un gigantesco escenario para atraer hacia el centro del mismo a centenares de celebridades del mundo político, económico y artístico mundial para luego chantajearlos, según analistas, en nombre de los servicios secretos israelíes, el presidente de Estados Unidos tiró de lo peor de la tradición diplomática de sus país, permitiendo a Israel ejecutar el exterminio de palestinos en la Franja de Gaza y avanzar a marchas forzadas en sus planes de atacar a China, ocupando Irán para acercar posiciones, a sabiendas de que Rusia consume sus energías defendiéndose de los ataques incesantes de la OTAN desde Ucrania.
Los servicios de inteligencia estadounidenses, según información difundida en redes sociales, desaconsejaron atacar a Irán, pero Donald Trump ya tenía entre manos la carpeta con los planes diseñados: a) apoyo total y abierto a la ocupación y apropiación de Palestina por parte de Israel, b) aislar a los países de África, Europa y América Latina de la influencia de China y Rusia, c) tomar por asalto países latinoamericanos estratégicos (comenzando con Panamá y Venezuela, por el Canal y los recursos energéticos, respectivamente) y d) destruir Irán y ocuparlo para acercarse más al principal objetivo: China.
PROPAGANDA
Entre enero y septiembre de 2025, las empresas tecnológicas Anthropic (especializada en IA) y Palantir Technologies (desarrolladora de programas de espionaje cibernético) habrían perfeccionado herramientas para facilitar el acopio de información estratégica y datos geográficos de alta precisión para operaciones secretas, lo cual entusiasmó a Donald Trump para lanzarse de lleno al cumplimiento de sus planes, fabricando narrativas de lucha contra narcoterrorismo en América Latina y reactivando la reciclada "Irán está a horas nada más de tener la bomba atómica" que se viene repitiendo desde hace décadas.
El mandatario declaró la guerra de aranceles como modalidad de política económica extorsiva con la que medir la reacción de los países afectados. Para su sorpresa y conveniencia, tuvo éxito en las naciones gobernadas por políticos abyectos, probablemente advertidos de su pasado con Epstein.
En el último trimestre de 2025, Trump comenzó a lanzar mensajes cifrados y otros descaradamente burdos. Entres estos últimos estaba la decisión de ir por Nicolás Maduro y los recursos energéticos de Venezuela.
AL ATAQUE
La madrugada del 3 de enero del año en curso se llevó a cabo el secuestro de Maduro y su esposa Cilia Flores en una operación militar de proporciones escandalosas que implicó la movilización de buques de guerra, portaviones, armamento de última generación y el despliegue de centenares de aeronaves de combate y tropas de élite.
Aquello sirvió además para probar las herramientas de IA cuyo antecedente se remonta al asesinato en 2020 del científico iraní Mohsen Fakhrizadeh a manos del Mossad israelí con un artefacto disparado a control remoto que había sido colocado en una furgoneta estacionada en un punto de una carretera por donde pasaría el director del programa nuclear de la nación persa.
Tras el éxito de aquella operación, que según el primer ministro Benjamín Netanyahu incluyó la sustracción por parte de sus servicios de inteligencia de más de 100,000 documentos que contenían la información completa del programa nuclear iraní, la herramienta fue perfeccionándose mientras Israel hacía pruebas de campo eliminando opositores en Palestina, Siria, Líbano y el propio Irán.
Las armas de IA diseñadas por Anthropic y Palantir Technologies, según se desprende de un reporte de la periodista Natalia Cabrera, de France 24, se desplazan ágilmente por el ciberespacio, haciendo acopio de información disponible de los objetivos de ataque para luego rastrearlos satelitalmente en tiempo real y establecer su ubicación precisa.
En resumen, la IA cumple las tareas de un espía cibernético omnisapiente que se convierte en letal cuando los satélites procesan los datos que les transfiere en tiempo real desde las computadoras o teléfonos móviles de los propios blancos de ataque que, paradójicamente, resultan activando la orden de fuego.
La IA confirmó su efectividad destructiva en Venezuela y al mismo tiempo desveló que el principal interés del gobierno de Estados Unidos fue apropiarse de los recursos energéticos de aquella nación por si fracasaba en la guerra contra Irán.
Por otra parte, resulta inquietante el desempeño infame de la IA como arma de guerra cognitiva que actuará como el sicario que da el tiro de gracia a su agónica víctima: la humanidad.
PELIGRO INMINENTE
Cuando los asesores propagandísticos de Donald Trump diseminaron los embustes sobre el Cartel de los Soles para generar una opinión pública favorable a la agresión contra Venezuela mediante la construcción de una imagen distorsionada de Nicolás Maduro, la IA contaminó el ciberespacio con información falsa o malintencionada e incluso manipuló las prioridades de búsqueda de los usuarios de plataformas sociales, destacando en primer plano imágenes y textos que no se correspondían con la realidad.
En el ataque de Israel y Estados Unidos contra Irán se repitió el guion con su contexto correspondiente. Semanas antes, Donald Trump había enviado un escalofriante mensaje al líder espiritual iraní, el ayatolá Alí Jameneí, diciendo que él, en su lugar, "se cuidaría de no dormir en el mismo lugar durante mucho tiempo". Claro está, Jameneí no tenía necesidad de dormir en lugares distintos. Según versados en la cultura musulmana, Jameneí fue un hombre apacible que prohibió en Irán el desarrollo de armas nucleares. "Trump acaba de matar al hombre que precisamente se opuso a la fabricación de bombas atómicas", observaba un especialista en temas de inteligencia el 28 de febrero, cuando inició la operación con el ataque a una escuela con al menos 160 niñas en su interior.
Otras fuentes describen al martirizado líder iraní como un erudito, un hombre de ciencia que contribuyó a que millones de hombres y mujeres iraníes tuvieran acceso a la educación, a la ciencia y a las artes. De ahí que la mayoría musulmana en el mundo lo siga aclamando, aunque la IA se empeñe en decir lo contrario a las audiencias occidentales con una pobre o nula preparación intelectual.
Y es que la IA acabará haciendo del cerebro humano un órgano inútil. Adictiva como ninguna droga en el planeta, la herramienta ha dado de baja en menos de lo que dura el canto de un gallo a escritores, artistas, reporteros, diseñadores gráficos, infografistas y un sinnúmero más de técnicos y profesionales de muchas disciplinas que de manera indefectible ocuparán un lugar en el museo virtual de los oficios humanos.
Mientras la IA avanza con sus estragos en el ecosistema digital, los cambios climáticos están avisando que algo peor se nos vendrá encima, pues las corporaciones tecnológicas necesitan tierras, minerales, agua y combustibles para desarrollarse, de tal manera que en las próximas décadas las ciudades más grandes podrían ser las que alberguen los centros de datos, mientras que el agua para consumo humano será prioridad para evitar el sobrecalentamiento de los servidores.
No por casualidad, en días recientes, Donald Trump hizo firmar a Google, Microsoft, Meta y Amazon un convenio para que produzcan la electricidad que necesitan sus centros de datos, lo que no deja dudas acerca del interés de estas y otras empresas en los países petroleros del Golfo Pérsico y en América Latina, región con grandes extensiones de bosques vírgenes y abundancia de recursos hídricos, minerales, petróleo y gas natural.

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