Texto: Godo de Medeiros | Imagen WildPress: RRSS
Las recientes agresiones del gobierno de Estados Unidos contra el pueblo de Cuba son absolutamente ilegítimas e inmorales, puesto que la isla no representa ninguna amenaza para nadie y antes bien su economía ha sido saboteada por el bloqueo impuesto desde 1962, causando pérdidas anuales por más de US$5 mil 570 millones a la isla, sumando a la fecha un atraco a su economía por arriba de los US$2 billones 154 mil 217 millones, de acuerdo con diversas fuentes.
Decir que Cuba amenaza la seguridad de la primera potencia militar y nuclear del planeta sin aportar siquiera un indicio, no digamos una prueba, es un insulto a la capacidad de raciocinio de los seres humanos. Y más aún cuando con base en esta mentira se intimida con represalias y aranceles a los países que le suministren petróleo.
Por diversas fuentes disponibles en el ciberespacio se tiene conocimiento de que Marco Rubio, María Elvira Salazar y Mario Díaz-Balart fueron quienes le propusieron a Donald Trump el plan de asfixia por estrangulamiento económico absoluto al pueblo de Cuba, en un paralelismo, con otras herramientas, de lo hecho por Israel al pueblo de Palestina.
Nos encontramos, pues, ante la etapa más recia del genocidio contra el pueblo de Cuba.
¿Qué hacer frente a una potencia gobernada por mentirosos, sádicos y sanguinarios?
Siendo realistas, solo China, Rusia y el bloque de países de la Asociación de Naciones de Asia Sudoriental (ASEAN) podrían romper por las vías diplomática y comercial el cerco al suministro de petróleo y combustibles dictado por Donald Trump en violación al derecho internacional. Y pese a que China y Rusia están siendo objeto de una agresión implacable por parte de Estados Unidos, su condición de potencias emergentes las coloca en una situación menos vulnerable que Cuba.
Paralelamente, Brasil, Colombia y México, por el lado de América Latina, deberían liderar un frente en la región sobre la base de la solidaridad entre pueblos y la urgencia humanitaria apremiante, tomando en cuenta que tras la invasión a Venezuela, cualquiera de los países del continente puede ser víctima de la codicia de Marco Rubio, quien acaba de glorificar el pasado colonialista y sanguinario de las potencias europeas en Múnich, Alemania, en donde se asumió como descendiente de europeos y no de latinoamericanos.
En otro nivel, habría que motivar la adhesión alrededor de empresarios privados, artistas y deportistas de todo el mundo que han condenado las acciones terroristas del gobierno de Estados Unidos contra el pueblo de Cuba y promover al mismo tiempo la creación de un fondo para la adquisición y envío de petróleo y otros combustibles a la isla, pues si bien la crueldad de Trump y los suyos no tiene límites, sería el colmo que sus caprichos impactaran las decisiones individuales de las personas sensibles a la causa cubana, incluida la de líderes religiosos.
La propia ONU, con todo y lo debilitada que se encuentra por las acciones de Estados Unidos e Israel que pretenden su abolición para eludir los alcances del derecho internacional relativo a los crímenes de guerra y de lesa humanidad, puede y debe declarar de inmediato una crisis humanitaria y enviar de manera urgente una flotilla con combustibles para abastecer a Cuba e impedir un colapso económico y social tras más de dos meses sin abasto de recursos energéticos.
Dentro de los propios Estados Unidos también se puede hacer mucho contra las mentiras e ilegalidades de una administración que, como lo ha dicho el periodista y analista estadounidense Benjamín Norton, "nunca perdonará a Cuba por haber tenido una revolución que derrocó a un dictador títere de Estados Unidos, de derecha y apoyado por la mafia, y luego superó a sus vecinos en materia de salud pública mientras alcanzaba la misma expectativa de vida que los Estados Unidos (78 años), a pesar del bloqueo ilegal y asesino".
Por cierto, Marco Rubio dijo no hace mucho que "Cuba no tenía economía", retratándose una vez más en toda su miseria. "Durante seis décadas hemos tenido un embargo comercial integral contra Cuba (...) y ese embargo ha fracasado en sus objetivos estratégicos, generando más que miseria y dolor para las familias cubanas comunes. Es hora de cambiar el rumbo", declaró en la red social X en días recientes el representante demócrata Jim McGovern al anunciar un proyecto de ley para levantar el embargo.
Las fuerzas sociales, políticas e intelectuales del pueblo estadounidense podrían presionar a la Cámara de Representantes y al Senado para atender la propuesta de MacGovern y acabar de una buena vez con ese bloqueo obsoleto e inhumano que no solamente cuestiona los "valores democráticos" y las "libertades" que supuestamente defiende Estados Unidos, sino que pone en entredicho las propias leyes económicas y el libre comercio entre las naciones.
Por último, quienes creen que "no se puede hacer nada" contra las decisiones de Donald Trump, deberían de pensárselo dos veces, porque en la palabra hay una herramienta útil con la cual defenderse de los embates de este nuevo orden que pretenden imponer al mundo y que consiste en arrebatarle a otros por la fuerza lo que les pertenece, con lo cual el modelo MAGA acaba desenmascarándose como el más peligroso para la sobrevivencia humana, por estar basado en amenazas, chantajes, sabotajes, extorsiones y el robo descarado con uso excesivo de la violencia.

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