Texto: Godo de Medeiros | Imagen: GráficosVG
Las recientes declaraciones de Edmundo González Urrutia ofrecidas a France24 no dejan dudas: Estados Unidos, Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y los países de la Unión Europea estarían sincronizados para arrebatarle la presidencia, obtenida en elecciones libres y democráticas, a Nicolás Maduro. No extraña, en consecuencia, que la República Bolivariana de Venezuela se convierta en breve en la próxima Siria, nación de Oriente Medio controlada hoy por un grupo de mercenarios financiados por Estados Unidos e Israel.
Al menos desde 2011, Siria estaba bajo asedio constante de Estados Unidos e Israel, según lo confirmaron Benjamín Netanyahu y Joe Baiden inmediatamente después de la caída de Damasco el domingo pasado. Sin ser abiertamente descarados pero sí bastante explícitos, ambos se atribuyeron el derrocamiento del régimen de Bashar al-Assad.
Analistas dentro y fuera de Oriente Medio creen que Siria es el eslabón roto de un plan trazado por Estados Unidos, Reino Unido e Israel para aniquilar a Irán y antes de hacerle la guerra a Rusia y China para devolver al país norteamericano a su posición de primera potencia mundial que ha ido perdiendo desde que líderes extraordinarios como Vladimir Putin y Xi Jinping gobiernan sus países con éxito.
Y es que si algo ha sacado de quicio a Estados Unidos esto ha sido el crecimiento vertiginoso de la iniciativa de los BRICS, que tiende a ensanchar el poder en aras de la multipolaridad que se plantea hoy día como la salvación sobre todo del llamado Tercer Mundo que lleva siglos siendo explotado y esquilmado primero por los grandes reinos europeos y luego también por los estadounidenses.
La caída de al-Assad implica no solamente una amenaza para Irán sino de hecho marca el principio del fin de Palestina, territorio que ha pasado a manos de Israel como premio por sus brutales ataques contra la propia Siria, Irak, Irán, Yemen y Líbano, algo que no obstante celebran otros países árabes como Marruecos, Jordania, Egipto, Barhein y Emiratos Árabes Unidos. Este último, catalogado entre la decena de países con las más altas reservas de petróleo.
Se trata entonces de un golpe desesperado sobre el tablero del ajedrez del poder que ha retumbado en la región del Esequibo y que ahora explica con mayor claridad el montaje de María Corina Machado para vender a Nicolás Maduro como un "ladrón de elecciones" que pretende permanecer en el poder como al-Assad en Siria.
La República Bolivariana de Venezuela tiene actualmente las segundas reservas mundiales más grandes de petróleo y gas natural, apenas por debajo de Arabia Saudita, país de reciente incorporación a los BRICS.
En consecuencia, nada parece no indicar que Venezuela se halla a punto de ser invadida por un ejército de mercenarios que habrían comenzado a ingresar en su territorio meses antes de las elecciones presidenciales del pasado 28 de julio, pero que debido a una serie de distractores como los actos de vandalismo y la desinformación, sus servicios de inteligencia no pudieron detectar y quizás ni siquiera saben que González Urrutia ha dicho que el 10 de enero tomará posesión a cualquier costo y que de inmediato nombrará a Machado como su vicemandataria, que sería ni más ni menos que la presidenta de facto, toda vez que el ex candidato no podrá salir de España.

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